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milieu
” a esta orientación hacia una meta unificadora, que no puede ser
entendida como adición de la conciencia individual de los partícipes
36
.
3. La reciprocidad es fundamental para la colaboración.
El participante A no confía simplemente su acción al participante B para
que se la apropie, sino actúa anticipando que ella puede retornar a él.
Igual ocurre con el participante B. Ninguno puede substraerse a una vin-
culación de retorno y por su parte estructura esta retroacción. Al operar
en conjunto una sierra, toma la iniciativa aquel que se encuentra en el
movimiento, se apresura y sobrepasa a su colaborador en el impulso para
luego, en la contramaniobra del socio, dejarle a éste el juego. Ahora tiene
éste la iniciativa y la preeminencia. Movimiento y presión, cuyas duracio-
nes y magnitudes se turnan, la díada es en el fondo retorno de simetría
en un proceso unificador. La conducta es siempre de tal naturaleza que
el hacer de uno puede ser recibido por el otro, respondido y apoyado. A
esto pertenecen también anticipaciones y superposiciones de un tipo tal
que uno “quita al otro la palabra de la boca” y la fija en forma cambiante;
lo que A hace por B, lo hace B por A; el juego está para ambos y no entre
ambos. El conjunto adquiere el carácter formal de una “responsabilidad”
(“co-responsalía”): en lugar de una entrega sin expectativas cuida cada uno
en la disposición de su hacer que su conducta comprometa al otro.
4. Los sujetos participantes no son “autónomos”.
Esta forma de trabajar recíprocamente comprometida vale en lo funda-
mental para la conducta relativa de los participantes, pero no así para las
proporciones absolutas de las fuerzas empeñadas por cada uno. Esto indica
que el resultado esperado en conjunto es constante, pero uno de los parti-
cipantes puede rendir un tercio o un cuarto menos que el otro. Ninguno
sabe o nota esto; la magnitud de la participación oscila en forma notable,
36 El conocimiento
a priori
de un “nosotros” es probablemente una conciencia de valor en sí
mismo, como la vaga conciencia de la existencia de un grupo: “no hay clase sin conciencia
de clase”. Véase en la segunda parte “Sociología de la comunidad”.
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