en consecuencia, el deber imperativo de armonizar los legítimos derechos que todo
Estado ribereño está llamado a ejercer dentro de su zona económica con medidas de
cooperación internacional adoptadas sobre la base de evidencias científicas objetivas, que
eviten toda forma de discriminación o la protección velada de intereses degradantes del
medio marino.
Por otra parte, es un hecho bien conocido que la ruptura del ecosistema oceánico
no sólo se genera en factores vinculados al uso y aprovechamiento de los mares, como la
contaminación generada por buques o la sobreexplotación de las especies. También se
genera en fuentes terrestres, como las industrias contaminantes de las aguas y el aire o el
vertimiento sistemático de desperdicios humanos, industriales o mineros, fuentes que
muchas veces causan un daño más grave, aunque quizás menos espectacular.
De esta manera, para encontrar soluciones apropiadas, no basta con mirar el
problema únicamente con una perspectiva oceánica; también se hace necesario enfocar la
vinculación que, en este plano, tiene el medio terrestre y atmosférico con la vida de los
mares.
Chile tiene un especial interés en preservar la calidad de la vida de sus mares, pues
enfrenta la vastedad del océanos Pac(fico Sur, que continúa siendo uno de los mares más
puros y v{rgenes del mundo. Deseamos proceder en forma intensiva al aprovechamiento
de sus riquezas, pero conservando su calidad y pureza de vida. Para ello deseamos
fomentar la conciencia ecológica de los chilenos y de todos quienes deseen hacer uso
legítimo de los espacios marinos que nos circundan.
Sin embargo el deterioro de nuestro ecosistema ya se ha hecho presente de manera
dramática. Primero sufrimos la abusiva sobreexplotación de la ballena en los mares
australes, que llevó prácticamente a la extinción de tan valiosa especie. Luego hemos
asistido a la sobreexplotación de otras especies características de nuestro litoral. No
deseamos que lo mismo suceda en el futuro con otros recursos vivos del mar, como los
vastos cardúmenes del Krill antártico y otras especies que constituyen una reserva
alimenticia de la humanidad.
También la contaminación por hidrocarburos se ha hecho presente en nuestro
litoral. Con todo el dramatismo que han revestido los casos Napier y Metula,-entre otros
que han afectado nuestro medio marino, han tenido la virtud de despertar conciencia en
torno a un problema que cada d¡'a se hará más agudo, sobre todo en la medida en que se
desarrolle la navegación de supertanques y se introduzcan otras innovaciones tecnológicas
en la navegación de gran volumen, que inevitablemente está llamada a circular por
nuestras costas para hacer uso del Estrecho de Magallanes o del paso del Drake en los
confines del continente americano.
La
experiencia derivada de estos casos, y que es uno· de los motivos que reúnen a
este importante Seminario, servirá para precaver futuras repeticiones, sobre la base de
diseño de pol¡'ticas nacionales e internacionales que puedan compatibilizar la libertad de
navegación con la seguridad de la misma y redundar así en la protección indispensable del
medio marino. A la vez servirá esta experiencia para insthucionalizar los procedimientos
apropiados para la prevención y reparación de daños ecológicos y los complejos
problemas cienHficos, técnicos y jurídicos involucrados.
Lamentablemente, el deterioro de nuestro ecosistema marino también encuentra su
origen en otras fuentes. Estamos conscientes del daño ambiental generado por industrias
contaminantes, como las de celulósa y petroqu¡'mica, entre otras, que ya han prodUCido
serios problemas en algunas regiones del país, como la zona litoral de Talcahuano.
También estamos conscientes del deterioro emanado de relaves mineros y otras fuentes.
Todo ello debe ser materia de estudio y solución si deseamos preservar la calidad de
nuestro medio marino.
De no adoptarse medidas preventivas desde ahora, el futuro planteará riesgos
ecológicos todavía más serios, derivados principalmente de la intensificación de la
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