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En tanto fenómeno inscrito en una sociedad patriarcal, el abuso frecuentemente ocurre el contexto de relacio-
nes familiares estructuradas en base a jerarquías de género masculino/femenino y jerarquías generacionales
adulto(a)/niño(a). (Ravazzola, 1997), que determinan una distribución desigual del poder, el que generalmente
seconcentraenel hombre. Por tanto, es consideradocomounamanifestaciónextremadedominacióndel varón
sobre lamujer y los niños/as, dondequienes abusan, se valendel poder que la sociedad les otorga y, es posible
quemuchasmadres queden restringidas en términos de supoder y sus opciones de influir en tal situación (Ga-
vey, Florence, Pezaro&Tan, 1990; James&MacKinnon, 1990; Schonberg, 1992). Planteamientoque sehaceex-
tensivoa losabusosextrafamiliaresqueocurrenen jardines infantiles, escuelasycolegios, hogaresdeprotección
oal interior de la Iglesia, entreotros.
Dado que, mayoritariamente son lasmujeres quienes están a cargo del cuidado de los niños/as, comomadres
revistenespecial interéspara laspolíticaspúblicas, laadministraciónde justiciay la implementaciónde interven-
cionesespecializadas, yaqueante la revelacióndeunabusohaciaalguno/ade sushijas/os, sus respuestas serán
determinantes, para laproteccióndel niño/aypara la superaciónde las consecuenciasdel abuso (Hopper, 1994;
Carter, 1999;Martínez, Sinclair, Araya&Aron, 2005). Así, lamadre seveenfrentadaadar soluciónaaquelloque
ellanoha causado, pero cuyas consecuencias le tocaenfrentar (Malacrea, 2000).
Diversas investigaciones coinciden en destacar el apoyomaterno como el factormás significativo en la supera-
ciónde las consecuencias traumáticasdel abusoenniños yniñas (Hopper1994;Malacrea, 2000/1998;Womack,
Miller & Lassiter
,
1999),mientras que la falta de dicho apoyo empeora considerablemente los efectos de la vic-
timización en los niños/as (Cortés&Cantón, 2000, Echeburúa&Guerricaechevarría, 2000, Gil, 1991, citados en
Martínez et al., 2005).
Considerando la imposibilidadde abordar aestasmujeres comoun colectivo
único
con características homogé-
neas y, sindesconocer laexistenciademadres negligentes,maltratadoras, cómplices del abusoo incluso abusa-
doras, contrariamentea loquemuchos suponen, diversas investigacionesevidencian laexistenciadeunnúmero
significativo demadres dispuestas a creer y apoyar a sus hijos tras el descubrimiento del abuso (Gavey et al.,
1990; Batres, 1997; Carter, 1999; Crawford, 1999;Womacket. al, 1999).
Eneste contexto, seplanteadar cuentade los aportesde laperspectivadegénero respectodeaquellasmujeres
que nohabiendo participado en el abuso, protegen, o intentanproteger a sus hijos, tras la revelación. Diversas
autoras feministas han visibilizado una fuerte tendencia social a culpar a lasmadres respecto de la ocurrencia
del abuso como tambiénpor sus respuestas tras la revelación, trasmitiendouna visiónestereotipada respectoa
ellasbasadaensupuestosapriori,mitossexistasyprejuicios sociales (Womacketal., 1999). Laculpabilizaciónde
lamadre aparece comoun fenómenoque, estandopresente endiferentes problemas que afectan el desarrollo
infantil, sevuelvemásevidenteenel abuso sexual.Ha sido reproducidoy reforzadopordiversasaproximaciones
teóricas, influyendo también en el accionar de profesionales y funcionarios vinculados a la protección infantil
(McIntyre, 1981; Gavey, Florence, Pezaro&Tan, 1990; Schonberg, 1992; Carter, 1999).
Desde la perspectiva de género, la culpabilización de lamadre, guarda estrecha relación con la ideología de la
Madre Perfecta que sacraliza lamaternidad como una función natural que atribuye a las mujeres el poder de
proteger a sus hijos/as de todopeligroo sufrimiento (Carter, 1999). Por tanto, la idealizaciónde lasmadres y su
culpabilización, aparecen comomanifestaciones opuestas deunamisma creencia “lasmadres son todopodero-
sas” (Chodorow&Contratto, 1982, citadasenCarter1999), locual contribuyeaque se las juzguepor situaciones
queescapan a su control, obien, que seexageren sus omisiones oerrores reales en tantopersonas, indudable-
mente, falibles.
Laconstrucción social dematernidad, comoejede lo femenino, searticulaen tornoa“la ideadeLaMadrecomo
una representación (…) que encarna la esencia atribuida a lamaternidad (…) donde naturalmente lasmujeres
saben hacerlo bien, entendido como querer, poder y saben cómo hacerse responsables de sus crías” (Palomar,
2004, p.16-17). Representaciónde la cual derivan los estereotipos de “buenasmadres”o “malasmadres” según
cuando diversas mujeres se acerquen o se alejen de las expectativas asociadas al rol materno. Se asume que
la buenamadre “sabe todo lo que ocurre en la familia, tiene la fuerza interior y el poder para poner fin a todo
lo que estámal, intuitivamente sabe cómomanejar asuntos difíciles y, satisface las necesidades…[de sus hijos
y también]…de su esposo/pareja” (Breckenridge& Baldry, 1997, p.68), siendo una construcción centrada en la