El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 270 significa enseñar y aprender, y ofrece nuevas posibilidades pedagógicas al mismo tiempo que plantea riesgos cognitivos y pedagógicos, así como dile- mas éticos significativos. En este ensayo se argumentó que muchas de las limitaciones actuales de la IA en educación no se deben únicamente a cuestiones técnicas, sino también a problemas conceptuales, anclados en una comprensión reducida del aprendizaje que subyace a su diseño e implementación. En particular, se mostró cómo gran parte de la IA educativa continúa apoyándose en mo- delos que conciben la cognición como un proceso individual y descorpori- zado, y que marginan el rol del cuerpo, las emociones y las interacciones interpersonales. Desde este paradigma, el aprendizaje se reduce a la optimi- zación de trayectorias individuales, y quedan fuera los procesos afectivos de los que depende un aprendizaje significativo. Frente a este panorama, se propuso comprender el aprendizaje desde una perspectiva que reconozca su carácter corporal, afectivo y rela- cional. En consonancia con la propuesta autopoiética de que la cognición es una propiedad inherente a la vida misma (Maturana y Varela, 1980), se sostuvo que el afecto y nuestra naturaleza vital y corporal no son aspectos separados de nosotros mismos, sino componentes interdependientes del todo multifacético que somos (Cea, 2023). Aprender, desde este enfoque, no es simplemente la adquisición de información por parte del cerebro: es un proceso mediado por el afecto, ligado a la regulación homeostática de cuerpos vivos que aprenden con otros en contextos situados. El afecto, en ese sentido, no es un elemento accesorio del aprendizaje, sino la condición que lo hace posible. A partir de este marco, se evaluó críticamente el modo en que la IA está siendo integrada en la educación y se esbozaron principios alternativos para reimaginarla. Este lente permite entender la IA no como una herra- mienta neutral, sino como una tecnología que, al introducirse en el aula, moldea la manera en que los estudiantes se mueven e interactúan y, por tanto, cómo aprenden y comprenden el mundo. Pensar la IA desde una perspectiva corporizada, afectiva y relacional implica desplazar el foco

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