El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

263 Capítulo 12 · Repensar la inteligencia artificial en educación. Thomas Wachter equilibrio homeostático frente a las demandas propias y del entorno. De este modo, los estados afectivos aparecen como funciones biológicas ínti- mamente ligadas a la naturaleza corporal de los seres vivos y a sus necesida- des homeostáticas (Cea, 2024). Sin embargo, la regulación del sistema no solo ocurre de manera in- terna e individual, sino que también tiene una dimensión relacional, en la que las interacciones entre individuos —por ejemplo, a través del tacto— desempeñan un papel crucial en la corregulación tanto afectiva como fisio- lógica (Cea, 2023). Así lo proponen autores como Fotopoulou y Tsakiris (2017), quienes sostienen que los orígenes de las emociones interoceptivas son siempre, por necesidad, sociales: sentimientos subjetivos tan fundamen- tales como el hambre y la saciedad, el dolor y el alivio o el frío y el calor tienen, en realidad, un origen social. Mucho de esto se relaciona con la par- ticular naturaleza humana, en la que —sobre todo durante la infancia— los seres humanos dependen del cuidado de otros para satisfacer estas necesi- dades homeostáticas: ser alimentados, abrigados, sostenidos y también acompañados en los momentos de mayor vulnerabilidad. Estos desarrollos teóricos se ven respaldados por evidencia científica que muestra cómo la afectividad y la regulación homeostática se vinculan directamente con las interacciones sociales y corporales. Por ejemplo, una revisión reciente de décadas de investigación psicológica y fisiológica sobre el apego y la pérdida social en animales humanos y no humanos sostiene que, en las relaciones humanas cercanas (por ejemplo, entre padres e hijos o en las relaciones de pareja de largo plazo), la homeostasis fisiológica y psicológica de cada individuo está corregulada, en gran medida, por la pre- sencia de otro con quien se tiene conexión, cercanía y apego emocional (Sbarra y Hazan, 2008). Además, el tacto y el contacto físico pueden contri- buir a la regulación homeostática del sistema. Un ejemplo ilustrativo es el estudio de Püschel et al. (2022), que analizó el efecto del contacto físico materno sobre la regulación fisiológica en bebés prematuros. En ese trabajo se examinaron 53 episodios estandarizados de estimulación táctil en lactan- tes nacidos entre las 24 y las 36 semanas de gestación, y se observó que las madres acariciaban espontáneamente a sus hijos a velocidades óptimas para activar las fibras C-táctiles (CT), conocidas por su papel en la mediación del

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