El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
235 Capítulo 11 · Del determinismo estructural a la poética terapéutica. Matías Alberto Mouliat estos fenómenos —lenguaje y emoción— constituye el conversar (Maturana, 1988). Bajo esta comprensión, el conversar es un sistema lingüístico genera- dor de significado y realidad, y considera entonces que, a diferencia de lo planteado por Echeverría (2014), lo ontológico no es el lenguaje por sí solo, sino el conversar, apuntando así al sistema recursivo entre emoción, len- guaje y cultura. La adopción de estos postulados ontológicos conduce, con una coherencia lógica inevitable, a una redefinición de la epistemología. Si- guiendo la definición de Bateson (en Keeney, 1983/1991), esta se entiende como “una rama de la ciencia combinada con una rama de la filosofía que estudia cómo los organismos particulares o agregados de organismos cono- cen, piensan y deciden” (p. 13). Bajo esta premisa, se postula que es impo- sible no tener una epistemología; en el caso humano, quien cree operar sin una, simplemente lo hace de forma ciega bajo premisas no examinadas. Al aceptar, junto con Maturana y Varela (1984/2013), que “todo lo dicho es dicho por alguien”, la definición batesoniana cobra una nueva dimensión: ya no solo se estudia cómo el consultante conoce su mundo, sino cómo el terapeuta participa en la creación de ese mundo. Aquí emerge la paradoja que Pakman (1991) rescata de Von Foerster: el terapeuta es un observador- participante que, al distinguir una queja, ya está operando dentro del cir- cuito que pretende transformar. Los seres humanos, en tanto mamíferos compuestos por una biolo- gía y una estructura que permiten la cognición, somos observadores del uni- verso en el que vivimos; realizamos operaciones de distinción en el lenguaje para articular nuestras experiencias y organizarnos unos con otros. Cada observador trae un mundo a la mano: un mundo construido. Entendemos el observar, siguiendo a Maturana (1994), como una operación humana que requiere del lenguaje y presupone la conciencia de estar observando algo en ese momento. Siempre que haya un humano que esté operando en el len- guaje, hay un observador.
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