El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 234 recursión descriptiva que llamamos yo , que nos permite conservar nuestra coherencia operacional lingüística y nuestra adaptación en el dominio del lenguaje” (Maturana y Varela, 1984/2013, p. 152). Esto, a su vez lleva a una visión radicalmente diferente de la comprensión de lo psíquico respecto a la mentalidad moderna: Como fenómeno en la red de acoplamiento social y lingüístico, lo mental no es algo que está dentro de mí cráneo, no es un fluido de mi cerebro: la conciencia y lo mental pertenecen al dominio de aco- plamiento social y es allí donde se da su dinámica. (Maturana y Va- rela, 1984/2013, p. 154) Entre lo individual y lo social existe un vínculo indisoluble. La perspectiva de Echeverría (2014) resulta útil para comprender la doble dimensión — ontológica y epistemológica— de esta condición. Al respecto, el autor pos- tula que “somos lo que somos debido a la cultura lingüística en la que cre- cemos” (p. 56). Bajo esta premisa, el individuo no se concibe como una en- tidad aislada, sino como un fenómeno social constituido en la trama colec- tiva. Esta condición tiene una implicancia profunda: ontológicamente, el ser humano está constituido por relatos; epistemológicamente, conocer el mundo suele ser posible solo a través de los lentes que esas narrativas pro- veen. Sin embargo, la historia no se agota en la palabra, sino que se mani- fiesta también en el cuerpo y la emoción. Al respecto, Nietzsche (1882/2011) sentenció que “los pensamientos son las sombras de nuestros sentimientos; siempre más oscuros, más vacíos, más simples” (p. 154). Los seres humanos, en tanto primates, somos seres emocionales, y esta base se encuentra presente en todo momento de la experiencia humana. Seamos conscientes de ello o no, nunca somos emocionalmente neutros. No hay acción humana sin una emoción que la funde como tal y la haga posible como acto (Maturana, 1990/1998). Efran y Libretto (1997), siguiendo a Ma- turana, plantean que “las emociones constituyen el sustrato corporal que hace posible todo lo que hacemos, incluyendo los actos del lenguaje. Las emociones pueden pensarse como el sistema de apoyo subyacente que po- tencia diversas clases de conducta” (p. 72). La imbricación indisoluble de

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