El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 230 En este escenario, la obra de Maturana y Varela se erige como un pilar fundamental, tal como ha sido señalado por diversos investigadores desde la cibernética y la teoría de sistemas (Keeney, 1983/1991; Von Foerster, 1991; Watzlawick, 1981), la síntesis de nuevos paradigmas cientí- ficos (Capra, 1996/1998) y el estudio de la base cognitiva del lenguaje (La- koff y Johnson, 1980). Dada la vasta arquitectura teórica de la biología del conocer —entendida aquí como una epistemología experimental que pos- tula que el conocer es una acción biológica efectiva y autorreferencial, donde la realidad no es un objeto externo sino un correlato de la estructura del sistema vivo (Maturana y Varela, 1984/2013)—, no es el propósito de este capítulo realizar una exposición exhaustiva, tarea que excedería los ob- jetivos de esta presentación. En su lugar, seleccionaremos únicamente aque- llos principios nucleares indispensables para cimentar nuestra propuesta, orientada específicamente hacia la pragmática de la conversación terapéu- tica y su dimensión creativa. En este modelo, la intervención clínica se aleja de la instrucción técnica para acercarse al arte de la improvisación y el tejido conversacional. El terapeuta no opera sobre la totalidad del discurso, sino que rastrea palabras complejas (Chenail, 1991): nodos semánticos densos donde convergen múltiples significados, historias y emociones contradicto- rias. El terapeuta las utiliza como hilos conductores para tejer nuevas tramas de sentido. Al perturbar o recontextualizar estos nodos densos, se desafía la rigidez del sistema y se desencadena una reorganización en el dominio de sentido, habilitando cursos de acción y significación antes bloqueados. Finalmente, esta propuesta culmina en una metodología para la con- ducción de conversaciones clínicas, estructurada a partir de la idea de los tres actos de Keeney (1990/1992, 2009; Kottler et al., 2004). Es aquí donde la ciencia se encuentra con el arte. La sistematización de esta intervención no busca la rigidez técnica, sino la habilitación de una dimensión estética y creativa: la poética terapéutica. Como sugiere Pakman (2011), la poética en terapia implica una atención radical a los “detalles sensuales” y singulares del momento presente, aquellos que la teoría general suele ignorar. Todo esto inaugura una nueva forma de conocer en el espacio de la conversación clínica. Ya no se trata de la captura objetivante propia de la
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