El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 216 cual la coordinación se empobrece y lo social pierde su fundamento (Matu- rana, 1990). Así, la ostensión, al intensificar la recurrencia del acoplamiento en atención conjunta, abre un dominio de coordinación donde el lenguaje y el aprendizaje social se encarnan como formas históricas de convivencia y transformación estructural compartida. De la recursividad a la transmisión de la cultura La mentalización puede ser entendida como la capacidad de comprender la conducta propia y ajena en función de estados mentales subyacentes (Fo- nagy y Target, 2000). Su despliegue depende de condiciones relacionales que permiten al sujeto situarse reflexivamente en un dominio compartido con otros (Campbell et al., 2024), ya que surge como un fenómeno emer- gente en la red de coordinaciones relacionales que sostienen la vida social. A partir de lo anterior, y desde la perspectiva de la autopoiesis y la biología del conocer, la mentalización, como los demás fenómenos mentales humanos, no puede ser explicada únicamente como un proceso localizado en el cerebro, sino dentro de las dinámicas relacionales que emergen en el vivir en el lenguaje (Maturana, 1989; Maturana et al., 1995). Así, la menta- lización puede ser comprendida como una modalidad de observación de segundo orden, es decir, en la que el sistema humano se vuelve capaz de distinguir su propio operar y el del otro en un dominio de coordinaciones recursivas. Esta capacidad no emerge de manera espontánea ni solo como el resultado de un proceso intrapsíquico, sino que se configura en el historial de dinámicas de acoplamiento sensoriomotor temprano entre el niño y sus cuidadores, para posteriormente operar en el lenguaje (Maturana, 1989, 1990). En los primeros momentos del desarrollo, esta forma de compren- sión del otro se expresa de manera predominantemente implícita y corporal. La evidencia actual muestra que la mentalización generada por cuidadores no se restringe a comentarios verbales sobre la mente del niño, sino que incluye una dimensión encarnada, mediante la cual la figura adulta ajusta

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