El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 208 comprender cómo la mente humana se acopla con otras mentes y participa activamente en su propio desarrollo. En esta misma línea, si el funcionamiento mental emerge en la inter- acción y el acoplamiento del sujeto con su entorno, resulta necesario anali- zar cómo este proceso se manifiesta en la experiencia psicológica y cuáles son sus implicancias cuando dicho acoplamiento se ve interrumpido o ten- sionado. En este sentido, el presente ensayo propone una revisión teórico- conceptual orientada a articular los aportes de las teorías de la autopoiesis y la mentalización, con el propósito de ofrecer un marco comprensivo que permita pensar el desarrollo de la mente como un proceso relacional, si- tuado y dinámico. Esto, con el objetivo de contribuir a la comprensión de los modos en que los seres humanos construyen sentido de sí mismos y de los otros en contextos relacionales específicos desde etapas preverbales, así como de las consecuencias que se derivan cuando estos procesos se ven afectados, particularmente en escenarios de vulnerabilidad psicosocial. De los sistemas vivos a la coordinación social La teoría de la autopoiesis surge como un intento por explicar la constitu- ción y permanencia de la vida a partir de su forma más mínima. Desde esta perspectiva, lo vivo no se caracteriza por la posesión de determinadas pro- piedades materiales o funcionales, sino por una forma particular de organi- zación. Un ser vivo es, en primer lugar, una unidad autónoma cuya identi- dad se sostiene en una red cerrada de procesos de producción de compo- nentes que, al operar de manera recursiva, generan y conservan la misma organización que los produce (Maturana y Varela, 1972/1998). La organización autopoiética se define por su clausura operacional , es decir, los procesos que la componen se articulan de tal manera que el sistema se sostiene a sí mismo como unidad. Sin embargo, esta clausura no implica aislamiento material. Los sistemas vivos son abiertos al intercambio de componentes con su entorno, pero cerrados en cuanto a la organización que define su identidad. Desde esta perspectiva, la autonomía del ser vivo
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