El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

207 Capítulo 10 · De la autopoiesis a la mentalización. Moufarrej Riff Silva mental, anclando la experiencia a la historia relacional y contextual de cada sujeto (Atzil et al., 2018). Desde este marco, el desplazamiento hacia una comprensión rela- cional de la mente humana encuentra un importante sustento epistemoló- gico en la teoría de la autopoiesis desarrollada por Humberto Maturana y Francisco Varela. A partir de esta base, elaboraciones posteriores en el marco de la teoría de la enacción plantean que la mente no se concibe como la representación de un mundo externo previamente dado, sino como el modo en que un organismo vivo, a través de su interacción continua con el entorno, construye activamente su experiencia y las formas en que se vincula con los otros (Ramos Mejía et al., 2024; Thompson, 2004). En este escena- rio, conocer, vivir y dar sentido aparecen como dimensiones de un mismo fenómeno, en el que lo mental emerge como una forma particular de orga- nización de lo vivo. Así, la autopoiesis permite comprender que el desarrollo psicológico se configura a partir del entrelazamiento constante entre lo bio- lógico y lo social, de modo que las experiencias relacionales, mediadas por procesos neurobiológicos que se expresan a través del cuerpo, la emoción y el lenguaje, participan activamente en la constitución del sujeto y en la ma- nera en que este se experimenta a sí mismo y a los demás (Garavito y Villa- mil, 2017; Gibert-Galassi y Correa, 2001). Desde esta mirada, la mente deja de entenderse como una entidad cerrada o aislada, para ser concebida como un proceso que emerge en interacción con el entorno social, que produce sentido y orienta la acción desde una historia relacional situada (Flores Trejo, 2004). Considerando entonces que el desarrollo psicológico se establece en constante interacción con el entorno, la noción de mentalización se alza como un concepto relevante para dar sentido a este proceso. Este cons- tructo se entiende como la capacidad de comprender el comportamiento de los demás a partir de sus estados mentales e intenciones subyacentes, así como la habilidad de entender el impacto que los propios estados afectivos y comportamientos tienen sobre los otros (Fonagy y Target, 1996, 2000; Target y Fonagy, 1996). Así definido, es una pieza clave para sostener la idea de una mente en articulación con el medio, pues ofrece un modelo para

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