El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 190 acción y la experiencia, lo que tiende a subordinar el papel del cuerpo, la historia y el entorno sociocultural en la explicación clínica y en el diseño de tratamientos. Este modelo suele asumir algún grado de esencialismo bioló- gico en que el núcleo del trastorno reside en el cerebro (Nielsen, 2023), lo que alimenta la búsqueda de marcadores que recorten diagnósticos estables a partir de variables biomédicas (neurodeterminismo). En consecuencia, el sufrimiento psicológico se conceptualiza como un desorden interno del in- dividuo, y se da menor o nula atención a la constitución relacional del fenó- meno, a los factores externos multiescala y a los significados que median la vida cotidiana. Es aquí donde el modelo se hace compatible con el interna- lismo del cognitivismo clásico: aquello que ocurre entre el input sensorial y el output conductual. Diversos autores han criticado esta visión desde la neurociencia, la psiquia- tría y la psicología, y han propuesto modelos alternativos para entender la salud mental y la psicopatología (Gómez-Carrillo y Kirmayer, 2023). Enfo- ques populares previos como el modelo biopsicosocial de Engel prometía integrar niveles, pero suscitó críticas debido a su deficiente operacionaliza- ción de niveles y a su falta de contenido práctico, principalmente por la no incorporación literatura relevante en materias como biología de sistemas, psicofisiología, o epidemiología social (Gómez-Carrillo y Kirmayer, 2023). Desde estas áreas han surgido estrategias como: (i) rechazar el reduccionismo y adoptar un marco sistémico que incluya procesos biológicos, psicológicos y socioculturales; (ii) reconocer el significado, lenguaje y auto-comprensión del pa- ciente como datos explicativos y clínicos de primer orden, no meros epifenómenos de mecanismos subpersonales; (iii) situar la mente y la psicopatología en nichos humanos que ofrecen y restringen posibilidades de acción y sentido; (iv) considerar una organización jerárquica con influencias bot- tom-up y top-down ; (v) integrar descripciones de redes y sindemias que conectan sín- tomas, mecanismos y contextos sociales; y (vi) defender un pluralismo metodológico.
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