El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 18 de aplicación: la performatividad corporal, la salud ecológica y el patrimo- nio biocultural indígena. Priscila Risi Barreto y Marco Díaz Cortés recuperan el concepto de Pathosformel acuñado por Aby Warburg para ponerlo en conversación con la neurociencia y el enactivismo. La hipótesis del historiador del arte —que ciertos gestos corporales recurrentes en el arte clásico y renacentista están cargados de energía afectiva— encuentra en la simulación encarnada de Freedberg y Gallese una validación empírica, y en la propuesta enactiva de Varela un sustento ontológico que vincula biología y cultura. El resultado es una teoría afectiva de la imagen que propone leer la obra de arte como un dispositivo cognitivo y afectivo complejo, situado en el cruce donde lo biológico y lo histórico se modulan recíprocamente. Felipe Castillo Villa lleva los conceptos de autopoiesis y enacción a un terreno inesperado: la Periodización Táctica en el fútbol. Contra la visión mecanicista que fragmenta al jugador en dimensiones aisladas —técnica, táctica, psicológica, física—, Castillo argumenta que el equipo de fútbol puede entenderse como un organismo vivo cuya identidad se conserva a través de principios de juego que operan como su organización auto- poiética. El entrenador deja de ser quien prescribe comportamientos para convertirse en arquitecto de ambientes que generan propensiones, alineán- dose con la tesis enactiva de que la cognición no se reduce a la ejecución de instrucciones previas sino que emerge en la acción encarnada y situada. Alan Barrera Castro y Felipe Bastías Alfaro examinan las limitacio- nes del modelo biomédico en salud mental y proponen alternativas desde los enfoques postcognitivos. El capítulo recorre críticamente el giro tera- péutico que individualiza y despolitiza el malestar psicológico, y muestra cómo las perspectivas 4E y la psicopatología enactiva permiten rearticular lo bio-psico-social sin negar la neurobiología. Al situar el sufrimiento psí- quico en la relación dinámica entre organismo y entorno, el texto abre la posibilidad de modelos ecosociales y sistémicos que tomen en serio tanto la autonomía del sujeto como las condiciones sociales que configuran su ex- periencia.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=