El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

163 Capítulo 7 · Pathosformeln, neurociencia y cognición encarnada. Priscila Risi y Marco Díaz Teniendo por antecedente lo anterior, podemos comprender que la simulación encarnada de Freedberg y Gallese (2007) es parte constitutiva de nuestro cuerpo humano y que las Pathosformeln responderían al campo de nuestro entorno, lo que resulta en una especie de bucle histórico en las relaciones entre uno y otro. Mediante el acoplamiento continuo con un en- torno cultural e histórico específico, nuestras capacidades biológicas se aco- plan y se transforman. Lo que comienza como un mecanismo neuronal au- tomático puede, a través de la práctica reiterada, la exposición cultural y la experiencia vivida, modificarse, sofisticarse y adquirir nuevas significacio- nes. Un gesto que inicialmente provoca una reacción neuronal involuntaria puede, en el contexto de una tradición cultural específica, adquirir capas adicionales de sentido. La respuesta del cuerpo, entonces, no está simple- mente determinada por la biología, ni tampoco es completamente ajena a ella: es el resultado de un acoplamiento entre la estructura corporal innata y la historia cultural vivida. Esta perspectiva enactivista permite comprender una dimensión crucial que la simulación encarnada por sí sola no podía explicar completa- mente: por qué las mismas imágenes pueden generar respuestas distintas en contextos históricos y culturales diferentes. No porque la biología neuronal sea diferente, pues nuestros cerebros son fundamentalmente similares, sino porque los procesos de acoplamiento histórico han transformado la manera en que esos circuitos neuronales se expresan y se significan dentro de un contexto cultural específico. Esto implica que las Pathosformeln no son sim- plemente motivos visuales que activan circuitos motores y emocionales in- natos, sino que, además, son registros históricos de procesos de acopla- miento entre capacidades biológicas humanas y mundos culturales específi- cos. Cuando Warburg identificaba la persistencia de ciertos gestos cargados de energía afectiva a través de siglos y contextos distintos, estaba documen- tando precisamente esto: cómo los cuerpos humanos, generación tras gene- ración, han aprendido a sentir, a reaccionar y a encontrar sentido en las for- mas visuales que sus culturas les presentaban. Un ejemplo elocuente que ilustra este fenómeno es el de la Ménade Danzante, una figura que Warburg (2018) rastreó desde los relieves de la Antigüedad clásica hasta las pinturas del Renacimiento italiano. Al observar

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