El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 162 como una huella que obliga a nuestro cuerpo a revivir la pasión fosilizada en la imagen. Gallese (2025) amplía esta hipótesis al proponer que el poder esté- tico de las imágenes reside, en parte, en su capacidad de activar un incons- ciente afectivo prereflexivo, anclado en la memoria corporal y en la expe- riencia relacional. Este inconsciente no se concibe como un depósito de contenidos reprimidos, sino como un dominio de procesos no declarativos que estructuran nuestra forma de estar en el mundo de manera temporal y afectivamente modulada. El enactivismo: biología, cultura y acoplamiento estructural La propuesta de cognición encarnada según autores como Varela et al. (1991) sugiere que los seres humanos no somos observadores pasivos del mundo ni máquinas reactivas que simplemente responden a estímulos ex- ternos. Somos, más bien, seres que conocemos actuando: la cognición se produce en el acto mismo de nuestro compromiso con el mundo. El cono- cimiento no es una representación mental abstracta de una realidad inde- pendiente, sino el resultado de un proceso continuo de acoplamiento me- diante el cual nuestro cuerpo y nuestro ambiente coevolucionan. Cada ac- ción que realizamos modifica nuestro entorno, y cada cambio en el entorno requiere nuevas acciones y nuevas formas de percibir. Este ciclo constituye lo que Maturana y Varela (1972, 1984) denominaron acoplamiento estructu- ral : una relación recursiva e inseparable entre organismo y medio. La cog- nición encarnada implica, consecuentemente, que la experiencia no puede separarse del cuerpo que la vive. Percibir no es recibir información pasiva- mente; es un acto que depende fundamentalmente de nuestra estructura corporal, de nuestras capacidades motoras y de nuestra historia de interac- ciones previas (Varela et al., 1991). Un cuerpo distinto, con otras dimensio- nes, otras capacidades motoras, otra fisiología, percibiría el mundo de ma- nera radicalmente distinta. Por lo tanto, la cognición no es universal ni des- encarnada: es siempre situada, siempre corporal, siempre histórica.

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