El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 158 creación artística en la alta cultura opera en una zona de transición entre la imaginación y la conceptualización. En este contexto de constante tensión, el creador recurre a la memoria para reactivar un legado innegable. Asi- mismo, al entender que establecer una separación consciente entre el sujeto y su entorno constituye el acto básico de la civilización humana, el autor señala que la conciencia de dicho distanciamiento adquiere una función so- cial. Se conforma así un espacio intermedio que sirve de sustrato para la figuración artística, donde el artista se apoya en la memoria individual y co- lectiva y recurre a herencias mnemónicas ligadas a los miedos primigenios para moderar la intensidad pasional que despiertan los misterios religiosos (Warburg, 2015, pp. 344–345). El legado warburguiano Al rastrear las migraciones de imágenes y motivos, Warburg evidenció la relevancia de expresiones desatendidas por la historiografía canónica al mostrar su papel decisivo en los procesos cíclicos de transformación de las formas artísticas. En este cruce entre estética, cognición y cultura, el estudio de imágenes religiosas, devocionales o simbólicas adquiere nueva densidad: revela cómo ciertas formas visuales persisten y se reactivan como matrices de sensibilidad, orientación y sentido compartido. Esta sensibilidad teórica, que articula la microhistoria y la macrohistoria 2 , lo general y lo particular, el gesto y el sistema, la materialidad y lo simbólico, permite complejizar las narrativas, pues abre espacio para múltiples interpretaciones históricas y para el reconocimiento de las ambivalencias que atraviesan los procesos cul- 2 La microhistoria y la macrohistoria constituyen dos escalas de análisis histórico comple- mentarias: mientras la primera se concentra en individuos, episodios o comunidades parti- culares para revelar, a través del detalle, dinámicas más amplias de la cultura y la sociedad, la segunda opera a gran escala, examinando procesos, estructuras y tendencias de larga duración que atraviesan épocas y civilizaciones. Como señala Ginzburg, la relación entre ambas perspectivas se expresa en un "continuo ir y venir entre microhistorias y macrohis- torias", capaz de interrogar la visión de conjunto a partir de excepciones y particularidades (Ginzburg, 1994, p. 33).

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