El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
157 Capítulo 7 · Pathosformeln, neurociencia y cognición encarnada. Priscila Risi y Marco Díaz un horizonte ligado a las condiciones de constitución de las culturas huma- nas. Así, cuando la humanidad se pone en pie y alza la mirada al cielo, se inaugura una relación simbólica con el mundo donde el firmamento se im- pone como problema, referencia y fuente de sentido. La postura erguida, al liberar las manos y desplazar el campo visual hacia el horizonte celeste, pro- duce no solo orientación y medida, sino también miedo y vértigo frente a las fuerzas cósmicas, e instaura la necesidad de mediación simbólica. Según expone Gombrich (1992, p. 250), Warburg buscaba captar el impacto del “espíritu de la época” en la configuración del estilo. Sin em- bargo, la historia de la cultura propuesta por Warburg se distancia de toda concepción idealista y acumulativa del devenir histórico. Fundada en una noción de polaridad selectiva , resulta incompatible con una ideología evolu- tiva del progreso lineal, pues concibe la historia como un campo de fuerzas atravesado por conflictos, retornos y discontinuidades (Guerreiro, 2002, p. 399). Este enfoque permite comprender la producción artística no como la expresión coherente de un espíritu unitario, sino como el resultado inesta- ble de procesos de sublimación, luchas simbólicas y tensiones entre conti- nuidad y ruptura. La imagen deja de ser un objeto exclusivamente estético para entenderse como un nodo de experiencias, prácticas y memorias cul- turales: no un reflejo pasivo de ideas, sino un lugar de tensiones y conden- saciones de fuerzas históricas, afectivas y cognitivas. La atención a la remodelación de la apariencia humana, al movi- miento acentuado del cuerpo, a la gestualidad o a la retórica muscular, llevó a Warburg a identificar la recurrencia de modelos que describía como su- perlativos auténticamente antiguos , visibles en gestos cargados de energía afectiva. Inicialmente formuladas como Pathosformeln transmitidas, estas configuraciones expresivas serán posteriormente replanteadas bajo la no- ción de engrames : huellas de experiencias apasionadas que sobreviven como patrimonio heredado, inscritas en la memoria (Ginzburg, 2014, pp. 10–11). El proyecto warburguiano continúa ofreciendo un modelo fecundo para repensar los modos de presentación del material histórico y visual, así como para explorar nuevas formas de conciliación entre imagen, palabra y conocimiento histórico (Johnson, 2012, p. 40). Según Warburg (2015), la
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