El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

133 Capítulo 6 · Por una antropología autopoiética. Victoria Reyes Muñoz son privilegios humanos, sino propiedades de sistemas vivos enredados en semiosis y en relaciones ecológicas más amplias (Kohn, 2013). Desde mira- das ecofeministas, entender la vida como una red de interdependencias des- monta los mitos de autonomía y dominio que han sustentado la explotación (Carbajal y Ramognini, 2023). En síntesis, aplicar la autopoiesis y la enacción al análisis de la expe- riencia humana exige considerar al ser humano como un sistema auto- poiético encarnado y situar el cuerpo como sustrato común. Así podemos esbozar una síntesis biosociocultural en la que lo biológico, lo social y lo cultural no se compartimentan, sino que se coconstituyen en un proceso dinámico y recursivo de hacerse, sentirse y afectarse en el mundo. El cuerpo como síntesis biosociocultural El cuerpo ha sido históricamente el principal marcador de otredad: ha de- finido dicotomías como yo/otro y ha generado nociones de cercanía o dis- tancia. Esta separación entre el sujeto y el mundo exterior ha fundamentado la definición de persona dentro de un grupo, aunque su significado varía en cada contexto sociocultural. En Occidente, el dualismo cartesiano conso- lidó la escisión entre la res extensa (cuerpo-máquina) y la res cogitans (mente): relegó el cuerpo a un sustrato físico gobernado por leyes naturales, mientras que la cultura, producto de la mente humana, habitaba un reino simbólico autónomo. La antropología heredó esta escisión y abordó el cuerpo como organismo biológico (antropología física) o como construc- ción social y simbólica (antropología sociocultural). Un giro crucial ocurrió con la emergencia de la antropología del cuerpo —que propuso pensar el cuerpo como una realidad a la vez indivi- dual, social y política (Scheper-Hughes y Lock, 1987)— y del paradigma del embodiment . Thomas Csordas propuso entender la corporalidad no como objeto, sino como el sustrato existencial desde el cual se experimenta el mundo (Csordas, 1990, 1993). Este enfoque, que Csordas (1990) elabora a partir de la fenomenología de Merleau-Ponty y de Bourdieu, concibe el

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