El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
131 Capítulo 6 · Por una antropología autopoiética. Victoria Reyes Muñoz Un acercamiento más afín al espíritu original se encuentra, en antro- pología, en el paradigma del embodiment . Thomas Csordas propuso enten- der la corporalidad como paradigma y argumentó que el cuerpo es el sus- trato existencial de la cultura, no un objeto de representación (Csordas, 1990, 1993). Esta orientación comparte presupuestos con el enfoque enac- tivo, al ver el cuerpo como sujeto necesario del ser . La bioantropología la ha considerado especialmente, pues reconoce, de manera bidireccional, las im- plicaciones biológicas en la constitución sociocultural del individuo. Tam- bién destaca el desarrollo teórico de Tim Ingold y su concepto de devenir biosocial . Ingold rechaza la idea de una naturaleza humana preformada a la que se añade cultura y propone que los seres humanos devienen en un pro- ceso continuo de crecimiento dentro de un entorno de relaciones materiales y sociales (Ingold, 2013). Este devenir es compatible con la noción matura- niana de autopoiesis y acoplamiento estructural, pues ambos enfatizan la coconstitución dinámica del organismo y su medio. Por su parte, la crítica de Ingold al neoevolucionismo dialoga con la visión de Maturana y Varela sobre la historia natural como una deriva natural contingente. De tal manera, reconocemos el lugar articulador de la autopoiesis para una comprensión holística: como principio biológico, permite diluir dualismos persistentes (naturaleza/cultura, individuo/sociedad) al ofrecer una mirada sistémica y procesual. La teoría enactiva, por su parte, aporta a la comprensión de los procesos cognitivos como acciones corporales situa- das que hacen emerger el mundo, asociadas a los afectos y las performativi- dades. Este hacer cognitivo-enactivo está fundado en una dimensión bioló- gica profunda: la emoción. Maturana, junto a Ximena Dávila, desarrolló la noción de las emociones como “disposiciones corporales dinámicas que es- pecifican el dominio de acciones en que un organismo se mueve” (Maturana y Dávila, 2008). Lejos de ser estados psicológicos subjetivos, emociones como la confianza o el miedo son configuraciones relacionales que abren o cierran posibilidades de acoplamiento estructural. Constituyen la base bio- lógica del lenguajear y de lo social. Solo en un espacio de aceptación mutua pueden coordinarse conductas recurrentes que generan un dominio con- sensual. Es ahí donde la cultura se edifica sobre una matriz emocional com- partida.
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