El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI 14 que, al producirlos, mantiene la red que los produce y delimita su frontera como unidad. La célula se tomó como ejemplo paradigmático, pues su me- tabolismo fabrica las piezas que, a su vez, sostienen el propio metabolismo y la membrana que lo circunscribe. De esa definición brotaron dos nociones que atraviesan muchas de las discusiones de este libro: la clausura operacio- nal , que señala la interdependencia de los procesos internos del organismo y su mutua especificación, y el acoplamiento estructural , que captura la co- modulación congruente entre organismo y entorno en interacciones recu- rrentes, de modo que el sistema cambia sin perder su organización. Si la autopoiesis fue la respuesta rigurosa a la pregunta por la vida, el paso siguiente consistió en pensar la mente desde esa misma clave basada en la autonomía organizacional de lo vivo. Ahí aparece con fuerza el trabajo de Varela, quien junto con Evan Thompson y Eleanor Rosch propuso en 1991, en The embodied mind , un marco teórico que hoy llamamos enacti- vismo, según el cual conocer no es representar un mundo prefabricado, sino hacer emerger un mundo de significado en la dinámica entre organismo y entorno. Ese libro abrió un diálogo inusual entre ciencia cognitiva, fenome- nología y tradiciones contemplativas orientales, y consolidó la noción de cognición encarnada para toda una generación de investigadores. El pro- yecto vino acompañado de una propuesta metodológica conocida como neurofenomenología , la que Varela articuló en su influyente artículo de 1996 como remedio para el problema difícil de la conciencia. Allí planteó que las mediciones neurofisiológicas y los modelos formales deben ir de la mano con descripciones disciplinadas de primera persona, pues si la cognición nace en la actividad autónoma del organismo, lo que se vive consciente- mente es evidencia que debe entrar al laboratorio con el mismo cuidado con que entran los electrodos. A partir de esos trabajos fundacionales, la influencia se desplegó en múltiples direcciones. En biología teórica, el enfoque organizacional siguió disputando el modo en que definimos lo vivo y nutrió debates sobre pro- tocélulas y sistemas mínimos. En filosofía de la mente y ciencias cognitivas, el enactivismo abrió la familia de enfoques que hoy conocemos como cogni-

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