El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
13 Gabriel Salas; Luna Gaete; Catalina González; Rodrigo Manríquez Introducción A fines de los años cincuenta, Humberto Maturana trabajaba en laborato- rios de neurofisiología y grupos de cibernética en Estados Unidos. De aquel período temprano proviene un experimento célebre, What the frog's eye te- lls the frog's brain (1959), que reveló selectividades activas en el nervio óp- tico de la rana y planteó una lección disruptiva para su época, a saber, que el sistema nervioso no copia el mundo como una cámara, sino que construye un espacio de relevancias a partir de su propia organización. Esa constata- ción biológica preparó el terreno de lo que Maturana llamaría más tarde la biología del conocer . En las décadas siguientes, sus investigaciones sobre la anatomía y neurofisiología de la visión del color en aves lo empujaron a for- mular un nuevo marco teórico capaz de responder simultáneamente a dos preguntas en apariencia disímiles: qué es un sistema vivo y qué es la cogni- ción. La convergencia entre ambas quedó condensada en una tesis que Ma- turana haría célebre: vivir y conocer son, en el fondo, el mismo proceso, y todo sistema vivo es, por el solo hecho de vivir, un sistema cognitivo. El giro se articuló con claridad en 1970, cuando Maturana redactó el informe Bio- logy of cognition , donde sostuvo que el conocer humano no flota por sobre el cuerpo, sino que depende de la integridad biológica del organismo que conoce. Poco después, entre 1970 y 1973, Humberto Maturana y Francisco Varela trabajaron codo a codo para formalizar una respuesta a la pregunta por la vida. En 1972 publicaron en Chile De máquinas y seres vivos , y en 1980 apareció la versión inglesa ampliada, Autopoiesis and cognition: The realization of the living , que fijó un vocabulario y, sobre todo, propuso una definición organizacional de lo vivo que hasta hoy sigue haciendo eco. El concepto de autopoiesis nació de la inquietud por entender qué caracteriza propiamente a lo vivo como vivo, en un contexto en que la biología se limi- taba a enumerar diferentes rasgos sin poder decidir cuándo la lista estaba completa. La respuesta fue, dicha con brevedad, que un sistema vivo es una red de procesos que produce continuamente sus propios componentes y
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