El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI
129 Capítulo 6 · Por una antropología autopoiética. Victoria Reyes Muñoz como lo material y lo significante. En busca de una síntesis, surgieron co- rrientes como el estructuralismo (Lévi-Strauss, 1958), el neoevolucionismo materialista (Steward, 1955; White, 1949) y la antropología simbólica (Geertz, 1973). No obstante, el dualismo persistió como herencia del pen- samiento cartesiano. Es aquí donde la autopoiesis y la enacción reclaman su lugar, con una propuesta radical para teorizar la vida desde sus fundamen- tos. Cuando Humberto Maturana y Francisco Varela publicaron De má- quinas y seres vivos y El árbol del conocimiento , plantearon una biología que se desmarcaba del determinismo biológico sobre la cultura y postulaba, más bien, un determinismo biológico en la organización del ser vivo (Maturana y Varela, 1972, 1984). La autopoiesis define a los seres vivos como “sistemas autopoiéticos moleculares” (Maturana, 2003, p. 18). Esta organización se extrapola a la vida humana: las células son sistemas de primer orden; los organismos, de segundo orden; y es posible hablar de sistemas sociales de tercer orden. Sin embargo, lo que define a estos últimos no es la autopoiesis de sus componentes, sino el patrón de relaciones entre ellos. La clave está en comprender que esta dinámica de autoorganización constituye un sistema singular. Maturana y Varela postularon que los seres vivos son sistemas cerrados en su organización (se autoproducen recursiva- mente) pero estructuralmente abiertos al medio, con el que intercambian materia y energía y mantienen un acoplamiento estructural. Desde esta óp- tica, la cultura y lo social no emergen después de lo biológico, sino como el dominio de fenómenos que surge de ese acoplamiento estructural consen- suado entre sistemas vivos. Lo sociocultural se coordina en un lenguajear , entendido como una acción coordinadora de haceres (Maturana, 1990). So- bre esta matriz biológica, Varela, Thompson y Rosch (1991) formulan una teoría distinta, aunque emparentada: la teoría enactiva de la cognición. La enacción sostiene que la mente no opera como un procesador de informa- ción que representa un mundo externo; por el contrario, el mundo y el su- jeto cognoscente coemergen a través de la acción corporal de un organismo autopoiético situado. La cognición es un hacer sentido ( sense-making ): la capacidad del sistema vivo para generar un mundo significativo, relevante para su mantenimiento. Este hacer sentido está intrínsecamente teñido de
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=