El legado de Humberto Maturana y Francisco Varela: Desarrollos, desafíos y aplicaciones de la teoría autopoiética en el siglo XXI

115 Capítulo 5 · Lenguaje, interacción y coordinación. Nicolás Albornoz de un sistema compuesto de diversos procesos que activamente generan y sostienen una identidad bajo condiciones precarias. Generar una identidad supone que esos procesos posean clausura operacional : se condicionan y pro- ducen unos a otros, replegándose sobre sí mismos para formar una red que sostiene su propia continuidad. El sistema queda así definido por su orga- nización interna —es autónomo— y no por mecanismos externos de control (Varela et al., 1991). Por otro lado, las condiciones precarias se refieren a que, en caso de que los procesos se aíslen de su red organizacional, el sis- tema tiende a la desintegración de su identidad. Por ejemplo, una planta es capaz de sostenerse a sí misma a través de una larga serie de procesos, como puede ser la fotosíntesis. A pesar de que la planta necesita de relaciones con su exterior, su identidad se define por la separación existente en la relación de autosustentabilidad con dicho exterior: la fotosíntesis necesita de los ra- yos del sol para poder efectuarse, y si estos desaparecen, también lo hace el organismo. No así lo contrario, pues el sol no forma parte de la planta. Esto es lo que podríamos denominar una persistencia de la identidad . Los procesos que guían a un sistema autónomo surgen de forma emergente a través de la relación que existe entre cerebro, cuerpo y am- biente. Sin entrar en debates ontológicos, lo que podríamos resaltar de este punto es que la cognición como tal es un fenómeno relacional. Del mismo modo en que no podríamos reconocer un billete falso sin un billete verda- dero que nos sirva como punto de referencia, el entendimiento depende tanto del organismo como del ambiente que le da sentido a su experiencia: se coestructuran. Los procesos cognitivos tales como percibir, comprender o imaginar son realizados teniendo como referencia el mundo y la experien- cia del individuo. Aquí el cuerpo juega un rol importante: no es solo la estructura que posibilita la cognición, sino parte constitutiva de ella. Se con- cibe la cognición, entonces, como un fenómeno encarnado. Todas estas ca- racterísticas nos llevan a la denominada creación de sentido o sense-making : “la cognición, en su modalidad más general, es hacer sentido—la regulación adaptativa de los estados e interacciones de un agente respecto a las conse- cuencias de viabilidad del mismo agente” (Di Paolo y Thompson, 2014, p. 76, traducción propia). La creación de sentido consiste en la capacidad de

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