Panorama de estudios actuales del español en América
c a p í t u l o 3 7 | 991 Panorama de estudios actuales del español en América La ideología de la corrección y un persistente vínculo entre el es- pañol marcado como chileno y lo «incorrecto» son evidentes en el artí- culo de El Mercurio de Mariana González (2014). Al presentar su trabajo, la Academia Chilena de la Lengua enfatiza, primero, la importancia de distinguir el error de lo coloquial en el lenguaje, y luego enumera una serie de «problemas» comunes entre hispanohablantes en Chile, entre ellos: queísmos y dequeísmos; mala traducción de anglicismos ( soportar usado con el sentido de ‘apoyar’); formas «habladas» impropias en la escritura ( hácelo por hazlo o pónelo por ponlo ). El problema de la censura, según se desarrolla en el libro de la Academia Chilena, lleva con posterioridad al ar- gumento de que «no necesariamente los chilenismos son contrarios al ha- bla correcta», ya que palabras como fome (‘aburrido’) o ampolleta (‘bombi- lla eléctrica’) son «absolutamente correctas» y propias del país (González, 2014). En la misma línea, al abordar el libro del Instituto Cervantes, la au- tora del artículo prosigue con la percibida asociación entre chilenismos e incorrección y aclara que «no solo los chilenos incurren en faltas al hablar o escribir» sino que los errores también proliferan en otras escalas (como «Hispanoamérica» o «los países de habla hispana»). Después añade que en esta obra se responden cuestiones útiles para escribir sin equivocacio- nes, por ejemplo: «¿se escribe sólo o solo?, ¿se acentúa la palabra guion?, ¿se puede decir oscuro o hay que decir obscuro?» (González, 2014). El tratamiento, en un único artículo, de dos libros sin mayor vínculo en su redacción y edición revela cuán viva se halla en pleno siglo xxi la percepción del régimen unionista-panhispánico en la representación de la institucionalidad idiomática. Ambas publicaciones se proyectan hacia dos escalas del orden geopolítico del panhispanismo, el primero desde España, y, por lo tanto, asumido como universal; el segundo desde Chile, y, con ello, marcado en sus límites estado-nacionales. No obstante, aquí es pre- ciso observar que, a diferencia de la equivalencia automática entre «chile- nismo» y «vicio» reflejada en los diccionarios de chilenismos del siglo xix y enraizada con firmeza en la matriz cultural hasta hoy, lo marcado como chileno ya no es objeto necesario de la reglamentación. Esta función se ha llevado por completo hacia una lengua anónima, deslocalizada y carente
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