Panorama de estudios actuales del español en América

g a b r i e l a l v a r a d o p a v e z | 982 «Usted no lo diga»: Esbozo de ideologías lingüísticas en torno al español de Chile en medios de comunicación contemporáneos «¿Por qué ahora en su anuncio […] se refiere a sí misma como “Mishelle Bashelet”?». En medio de la batahola, la candidata admitió que decir su nombre de esa manera resultó «siútico». El término siútico (femenino: siútica ), situado firmemente en el dominio de los llamados «chilenismos», ha estado presente en discusiones recientes sobre la cultura nacional, pero que ya se registra en la lexicografía decimonónica. Agrandes rasgos signifi- ca ‘pretencioso’ o ‘cursi’, pero tiene una connotación específica debido a la compleja arena donde se negocian las identidades de clase social en Chile. Según el Diccionario de uso del español de Chile (Academia Chilena de la Lengua, 2010) se utiliza despectivamente para referirse a quien ‘presume de elegancia y sigue los modales de las clases acomodadas’. Otras fuentes concuerdan en general con esta definición. En la actualidad, mientras los miembros de las clases altas aplican este término a los de las clases medias para ridiculizar hábitos que supuestamente promueven su propio ascenso social, quienes pertenecen a las clases medias y populares lo usan para reírse de prácticas vistas como poses sofisticadas o europeizantes de las clases acomodadas. En un breve artículo de The Clinic del 11 de agosto de 2012 titulado «El puto clasismo de Chile», se aborda este término a pro- pósito del exitoso libro de Óscar Contardo: Siútico: Arribismo, abajismo y vida social en Chile (2008). En el texto se indica que la élite comenzó a usar esta palabra para denominar a los individuos de clase media que tra- taban de imitar sus costumbres. Sin embargo, según The Clinic , los grupos medios también han sido responsables de la proliferación del término, ya que son quienes demuestran más ansiedades de clase social dentro de la estructura socioeconómica del país. Además, en décadas recientes ha pre- dominado un modelo económico capitalista promovido como facilitador de la movilidad de clases, lo que termina exacerbando estas tendencias. Por lo tanto, tildar algo o alguien de «siútico» ha sido desde hace un tiempo práctica común en los más diversos entornos y no se restringe solamente a la élite. Es posible, además, que la palabra sea un marcador de otredad: solo el otro puede ser siútico y nadie se denomina a sí mismo de esa mane- ra. Esto contrasta con figuras como el cuico o el zorrón de la clase alta o el flaite de los barrios marginales, que corresponden a categorías a menudo

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