Panorama de estudios actuales del español en América
c a p í t u l o 3 7 | 979 Panorama de estudios actuales del español en América chileno (en principio, determinado por su ausencia en el Diccionario de la RAE) como defectuoso o erróneo. No obstante, inevitablemente apare- cerían palabras que designaban realidades materiales o sociales del país y que resultaban imposibles de ser reemplazadas por vocabulario ya apro- bado por la Academia. En consecuencia, se estableció una política según la cual la diferencia léxica se consideraba admisible ante la ausencia de formas «castizas» equivalentes. Sin embargo, había una amplia franja de ambigüedad entre lo inaceptable y lo aceptable por la norma. Si se revisan las decisiones con respecto a cómo tratar el léxico marcado, se observa una tensión entre la necesidad de censurar los chilenismos (y otros -is- mos como los indigenismos y galicismos) y la de admitir algunos de sus valores positivos, como expresividad, precisión semántica o autenticidad cultural. Así emergió una política definida como «purismo moderado», en la que si bien la diferencialidad es tratada como un desvío que hay que subsanar, también se intenta difundirla e integrarla dentro de los espacios del DRAE , o se aborda como una realidad que debe ser estudiada y descrita de la forma más objetiva posible (Chávez, 2010). En esta misma línea, los autores establecen posturas receptivas sobre la lengua chilena e incluso, en ocasiones, críticas hacia la RAE (Chávez, 2010 y 2009). Como conse- cuencia, aparecieron diversos atributos que trascienden una visión del español chileno como inferior. En los discursos de intelectuales de finales del siglo xix ya se documentan representaciones de dicho español como decidor de la mentalidad «del pueblo», lo que se vincula directamente con atribuciones positivas como originalidad, inventiva y carácter. Román (en Chávez, 2009) de hecho afirma que «no hay mejor museo para conocer el ingenio y habilidad de un pueblo […] que la lengua misma que habla» dado que en ella «quedan cristalizadas sus ocurrencias y genialidades, sus pesares y alegrías, sus equívocos, todo lo que brota de sumagínmalicioso» (p. 57). Asimismo, fue fundamental la resonancia que adquiría la obra de Rodolfo Lenz (1863-1938), quien introdujo una noción de lengua nacional que se aparta de las posturas fundamentalmente unionistas de Bello y sos- tiene que la lengua del país es el «castellano-chileno», con características propias que justifican una autonomía regulativa. Reconoce en ella una
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=