Panorama de estudios actuales del español en América

g a b r i e l a l v a r a d o p a v e z | 978 «Usted no lo diga»: Esbozo de ideologías lingüísticas en torno al español de Chile en medios de comunicación contemporáneos que la lengua nacional es esta forma anónima, escolar y predominante en los medios de comunicación, satura todos los espacios de la vida social, al punto que se ha hecho equivalente por defecto a cualquier aproximación a lo lingüístico. Ello se demuestra en hechos de la realidad contemporá- nea poco llamativos, pero decidores, como que la asignatura de lengua y literatura españolas en el sistema educativo chileno se llama oficialmente «Lenguaje y comunicación», o que la Academia Chilena de la Lengua no especifica en su nombre a qué idioma se dedica. En el proceso de consti- tución de esta hegemonía del español no marcado, la escuela, la Iglesia, el aparato estatal y los medios de comunicación, entre otras agencias, han naturalizado el régimen de autoridad en el que se sitúa a ciertas institucio- nes y hablantes como gestores de la forma considerada estándar. Ello rele- gó la tarea de la administración de la lengua nacional al orden centraliza- dor panhispánico de las academias y su red institucional, despolitizando dicha lengua e invisibilizando su rol ante el público. Como consecuencia, las academias de la lengua de ASALE (incluyendo a la RAE) son conce- bibles solo como estructuras deslocalizadas y, finalmente, universales. El éxito de una representación del español en tanto lengua anónima obedece así a estructuras políticas firmemente asentadas en el régimen cultural del país, en concordancia con la fortaleza del proyecto Estado-nacional chile- no y sus políticas de homogeneización y centralización político-cultural (Gal y Woolard, 2001; Woolard, 2007). En esta línea, la marcación de la lengua chilena emerge de un proce- so histórico de administración lingüística desde una perspectiva unionista que, como se ha dicho, predominó durante la consolidación del Estado chi- leno y luego se acoplaría al proyecto panhispánico transnacional. A finales del siglo xix y principios del xx, el señalamiento y regulación de la diferen- cia (es decir, la marcación) se atestigua en los diccionarios de chilenismos, a saber, en la lexicografía «de autor» como Rodríguez (1875), Román (1901- 1919) y Echeverría y Reyes (1900), entre otros. Sus obras fungieron tempra- namente como medios de censura de la lengua local, pero luego también como mecanismos de registro y codificación de sus particularidades. En todos estos casos, el mandato era señalar todo lo marcado como español

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