Panorama de estudios actuales del español en América
c a p í t u l o 3 7 | 977 Panorama de estudios actuales del español en América gente educada» pervive hasta la actualidad. Se asocia no solo a un firme sistema simbólico que sustenta imaginarios de clase social y a la ideología de la lengua estándar compenetrada en él, sino también a una tradición fuertemente centralizadora de lo hispánico, promotora de una unidad cultural transatlántica de base peninsular: el llamado panhispanismo (Del Valle, 2007 y 2015; Rojas y Avilés, 2014). Esta tradición se halla enraizada en el hábito social y en el sistema educativo, en parte debido a la prolon- gada influencia de agentes reguladores como la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), los cuales en el siglo xxi han ajustado sus discursos lingüísticos al contexto de la demo- cracia liberal y la globalización en escala transnacional (Del Valle, 2007; Woolard, 2007; Del Valle y Gabriel-Stheeman, 2004). Dado todo lo anterior, la configuración ideológica unionista conti- núa arraigada en el imaginario de lo que es y lo que debe ser la lengua hablada en Chile en el siglo xxi. Es notable que esta configuración está intervenida por un emplazamiento ideológico dual, en el que una forma de la lengua española se halla marcada como chilena, en contraste con otra forma no marcada . A lo largo del siglo xix, en tanto se establecía un régimen de lengua que definía la centralidad de la norma en la metrópoli europea, se hizo obligatorio el señalamiento de las diferencias nacionales. Ciertos elementos del lenguaje fueron entonces marcados como chilenos mediante nociones como vicio y posteriormente como chilenismo , como documenta en detalle la lexicografía de la época (Rojas y Avilés, 2015 y 2014; Chávez, 2010 y 2009). La marcación ha servido de este modo a las instituciones de gestión lingüística para señalar el contraste entre formas consideradas no-estándar o subestándar y la lengua general, mediante sus propios dispositivos, como los diccionarios. Aquí resulta fundamental observar que la forma no-marcada del español, según se halla configurada en Chile, está determinada, en bue- na medida, por lo que Woolard (2007) describe como una ideología del anonimato . Este español anónimo, vinculado parcialmente con el ideal de la lengua estándar, ha sido expurgado de su origen social específico y se imagina como un atributo natural de la autoridad. En Chile, la noción de
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