Panorama de estudios actuales del español en América

c a p í t u l o 1 4 | 389 Panorama de estudios actuales del español en América Sin embargo, frente a los límites que impone la tradición, se comprueba que la forma de los nombres de persona no es estática ni uniforme. El sistema antroponímico de la lengua española está en constante cambio y evolución, y expuesto, asimismo, a las más disímiles influencias. El propio texto normativo académico alude a la libertad de elección que los padres gozan en la actualidad. Con espíritu prescriptivo, precisa que Los cambios en los sistemas onomásticos suelen ser reflejo de cambios so- ciales, así como de la ampliación del conocimiento del mundo. Atendiendo a esta realidad, las instituciones de normalización lingüística —en este caso de la Asociación de Academias de la Lengua Española— debe limi- tarse a velar por la corrección lingüística de los nombres propios usados en español y por su adecuación a nuestro sistema ortográfico (RAE y ASALE, 2010, p. 624. Énfasis añadido). Sin lugar a dudas, una política lingüística nacional debería incluir en su esfera de influencia la normalización de los nombres de persona, la co- rrección como principio y la formación del personal involucrado en la función registral. Se coincide con Campo Yumar (2020), quien afirma que «La aplicación de una Política lingüística para la normalización de la cons- trucción y escritura de los nombres de pila en Cuba y la elaboración del Manual de Consulta del Registro Civil de Cuba reduciría las problemáticas señaladas» (p. 94). Por otro lado, la OLE se asoma al problema de la creación y novedad antroponímica, a la neología misma, en un afán de actualización con res- pecto al estado de la lengua española. De esta manera declara: «Puesto que los nombres de pila son, en general, etiquetas desprovistas de significado léxico, no motivadas y asociadas a un ente individual (no a una clase), la antroponimia es uno de los terrenos de la lengua mejor abonados para la invención de nuevos nombres» (RAE y ASALE, 2010, p. 627). Asimismo, este instrumento normativo reconoce los principios renovadores en la asignación del nombre propio como tendencia: «A la ya habitual incorporación a nuestra onomástica de nombres procedentes

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