Panorama de estudios actuales del español en América

a u r o r a c a m a c h o b a r r e i r o | 388 Acerca de la cuestión del nombre propio en Cuba: dimensiones lingüística y jurídica se debe considerar en el análisis. La periodista Andrea Rodríguez (2014) de Associated Press dice que «hay un rescate de los nombres tradicionales»; la madre de una niña que la espera a la salida de una escuela de baile comenta que «los nombres raros ya no se usan» (Observación participante, 7 2016). La tendencia a imponer neologismos antroponímicos, claramente identificada hasta la segunda década del siglo xxi comienza, sin embargo, a declinar con la recuperación de nombres tradicionales. Esta aseveración exige una validación cuantitativa, pero se vislumbra ya en el terreno cua- litativo, como revelan los entrevistados. Para su confirmación, deberían desarrollarse investigaciones sociolingüísticas con presupuestos teóri- co-metodológicos uniformes y aplicables en muestras representativas. La Ortografía de la lengua española ( OLE , en adelante), que dedica un capítulo completo a la «Ortografía de los nombres propios», señala que La categoría del nombre propio que, tradicionalmente se ha venido defi- niendo por oposición al nombre común, engloba elementos muy hetero- géneos que han sido evaluados con criterios gramaticales, semánticos e incluso filosóficos, por lo que es, aún hoy, objeto de discusión y revisión por parte de los lingüistas (RAE y ASALE, 2010, p. 455). También advierte la OLE sobre los criterios con los que se han evaluado los nombres propios, que pueden haberse modificado a lo largo del tiempo. Los nombres propios que podrían considerarse prototípicos son los antro- pónimos o nombres de persona, y los topónimos, o nombres de lugar. Pese a constituir un subconjunto particular dentro del léxico de la lengua, no reciben un tratamiento especial que los exima de las normas ortográficas: al igual que el resto de las palabras, también los nombres propios poseen una forma gráfica ortográficamente definida y fijada en la tradición (RAE y ASALE, 2010, p. 624. Énfasis añadido). 7 Por observación participante se entiende aquella que surge de la intervención personal de la investiga- dora, que la involucra de manera particular en la recolección de datos, en su registro y evaluación.

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