Panorama de estudios actuales del español en América
g u i l l e r m i n a h e r r e r a p e ñ a | 1038 La oralidad en los cuentos de Víctor Muñoz: una aproximación a la variante guatemalteca del español pleno del recurso. No en balde el lenguaje es un fenómeno principalmente oral y la lengua, no la escritura, es el vehículo fundamental de la cultura. Ciertamente, en la historia de la escritura puede rastrearse, como una constante, la intención de salvar el discurso oral de su irremediable pérdida, transcribiéndolo, fijándolo por medio de los signos escritos. Al hacerlo, la escritura proporciona un particular tipo de estructura, confi- gura un modelo, el cual acaba por volver a la práctica oral. Como dice Ong (1987, pp. 17-18), la escritura puede definirse como un «sistema secundario de modelado», dependiente de un sistema primario anterior, que es la len- gua hablada. Pero, en definitiva, la escritura acaba rescatando lo oral de su evanescencia sin remedio y, además, contagiándolo de una estructura. No obstante, los intentos de incorporar la oralidad en la escritura literaria acaban siendo siempre incompletos; pobres, frente al avasallante fenómeno de lo oral. Se producen, además, en marcos sociohistóricos y culturales específicos que los contagian y matizan, y evidencian la par- ticular interpretación del escritor sobre la misma oralidad que trata de reproducir. Por ejemplo, en una imitación o retrato del habla de clases populares en boca de personajes situados en la periferia de la sociedad, puede rastrearse la interpretación del escritor desde los registros orales que inserta, independientemente de cuál sea la manifestación expresa de su intención al escribir el texto. Pese a las limitaciones señaladas, la tentación de incorporar orali- dad en la escritura literaria resulta con frecuencia irresistible y el escritor aprovecha el recurso. Gracias a ello, a veces sus personajes acaban repre- sentando arquetipos sociales caracterizados por una forma de habla par- ticular: «el indígena», «el campesino», «el urbano de determinada clase social» o «el pícaro», por ejemplo. Sin embargo, tal vez lo irresistible de esta tentación pueda situarse de modo más preciso en la conciencia del escritor, que intuye la pujanza, la hermosura y el gran valor artístico y hu- mano que pueden alcanzar las culturas orales por medio de la palabra ( cf. Ong, 1987, p. 16) . En efecto, la incorporación de la oralidad en la escritura litera- ria puede ayudar al escritor a construir obras de gran valor artístico y
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