Panorama de estudios actuales del español en América

c a p í t u l o 3 9 | 1037 Panorama de estudios actuales del español en América Las tramas narran pequeñas y grandes tragedias, situaciones absur- das o ridículas, desahogos y confidencias, obsesiones. Lo narrado, dice Monterroso (2008), «oscila entre la angustia de la intrascendencia y la ironía de una existencia sin propósito. […] causa la frustración y la fatiga de lo rutinario» (p. 75) . Más que cuadros de costumbres, añade Monterroso, «son desgarradores relatos, de conmovedores seres desdibujados». El na- rrador habla en primera persona. Los textos son, en algunos casos, largos monólogos. Cuando no lo son, la incorporación de la oralidad aparece en la voz del narrador y, con mayor rotundidad, en las de los personajes. En resumen, se trata de un conjunto de historias con un denomina- dor común: la presencia del guatemalteco de clase media ymedia baja, que se manifiesta a través de un lenguaje en el que reina la templanza, pero que es, a la vez, un conmovedor testimonio, una especie de constatación, que acaba siendo paradoja de la denuncia. 3. El recurso de incorporación de la oralidad en la escritura literaria El análisis de esta particular muestra de narrativa lleva inevitablemente a reflexionar sobre la inserción de la oralidad en la escritura literaria; en par- ticular, a ahondar en aquellosmomentos en que la imagen de determinados registros orales aparece en el texto, ya sea como reflejo o como imitación. La utilización de un recurso literario en el que el escritor se ve obligado a garantizar la credibilidad, la coherencia y la fuerza de su discurso. Recuerda Ostria (2001) que los procesos ficcionales de los textos li- terarios «suelen reproducir diversas modalidades de la lengua oral», pero no se puede olvidar que son «figuras de oralidad, y, por lo tanto, oralidad ficticia». Recuerda, también, que la literatura hispanoamericana «(aun aquella que aparece como más evadida y fantástica) revela una voluntad testimonial que, a menudo, tiene repercusiones en los componentes lin- güísticos de los textos» (p. 74). Como es bien sabido, la pretensión de incorporar la oralidad a la escritura se encuentra siempre con valladares que inhiben el desarrollo

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