Panorama de estudios actuales del español en América

d i e g o b e n t i v e g n a | 1027 Por una filología americana: el estilo, la estilística, los debates argentinos y sus proyecciones continentales en los años 30 y 40 partiendo de la desembocadura —los resultados de esa creación— ascen- der hasta las fuentes. Lo previo será, pues, destacar aquellos rasgos ex- presivos que constituyen como el soporte físico del peculiar placer que la lectura de un autor suscita. Y no olvidar que ésa es faena preparatoria, sólo anuncio de la ulterior interpretación (Lida, 1931, p. 163). El proyecto estilístico que se comienza a desplegar de este lado del Atlántico se contrapone, en el fragmento de Lida, a modos y prácticas de la crítica li- teraria peninsular. Por un lado, con una crítica de matriz positivista, atenta fundamentalmente al dato externo con respecto al texto. Una crítica, tal vez, de las fuentes y de las influencias, adscriptas al método histórico y al método biográfico. Se contrapone, al mismo tiempo, a un modo restricti- vo de entender la dimensión lingüística y discursiva de la obra literaria: a la «crítica gramatical», «solo atenta al caparazón externo del idioma». En cambio, la crítica estilística es una crítica que parte de la palabra como el lugar donde late el «espíritu» y de los singulares del texto desde los cuales reconstruir su condición de compleja «manifestación de la cultura». Algunos años más tarde, Alfonso Reyes retoma la preocupación estilística de Amado Alonso y de Raimundo Lida con las confluencias y con las tensiones que pueden plantearse entre ellos. Lo hace en una serie de textos críticos en los que la estilística se pone en correlación con otro término que designa un campo disciplinar no exactamente coincidente con la primera: la estilología . La estilología aparece brevemente definida por Alfonso Reyes en su gran tratado de teoría literaria: El deslinde , con el que se ha comenzado este recorrido y que ahora, ya en el cierre, se retoma. Allí, en 1944, Reyes define a la estilología—seguramente escuchando los reclamos de Spitzer sobre la concepción estrechamente autónoma del estilo en el artículo incluido en el primer volumen del Colección de Estudios Estilísticos, que el mexicano cita con profusión en otros momentos— como «ciencia de los estilos» que «acota su terreno propio dentro del lenguaje literario, atendiendo a sin- gularidades de época, nación e individuo, estudio que corresponde ya de pleno derecho a la ciencia de la literatura» (Reyes, 1944, p. 186).

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