Panorama de estudios actuales del español en América
c a p í t u l o 3 8 | 1026 Panorama de estudios actuales del español en América Alonso —al menos es lo que se desprende de su lectura del modernismo que abre del siglo xx pero también de la modernidad nerudiana—el estilo no es una categoría ligada tanto a un uso «magistral» o «pleno» del idioma, sino más bien a una tensión: a una lucha entre lengua e individuo, que no se concluye exactamente de las hipótesis del idealismo, y que implica más bien, como en el caso de Gramsci, su crítica, su reconfiguración. En 1931, Raimundo Lida publica en la revista Sur uno de sus pri- meros artículos sobre temas literarios. Ya desde el título, el artículo es precioso para los temas que aquí interesan: «Estilística: un estudio sobre Quevedo». Nótese que es un año antes de 1932, cuando se publica «El problema argentino de la lengua» (también publicado, como se ha visto, en Sur ) y el primer volumen de la Colección de Estudios Estilísticos. Se reproduce el comienzo del artículo de Lida: La crítica literaria española, ya de por sí numéricamente desfavorecida, suele intentarse por camino reflejo: se parte de fuera para llegar a la obra, en vez de seguir la dirección contraria. El examen de las obras mismas, cuando no se emprende como historia de ideas, limítase a coleccionar respuestas a una serie fija de preguntas —¿los caracteres?, ¿la acción?, ¿el diálogo?, ¿el paisaje?, ¿la moral?—, sin perder jamás de vista el fin norma- tivo: caracteres bien o mal trazados, acción sostenida o floja... O se conten- ta con demostrar justificada la inclusión del artista en tal o cual escuela, o cómo la biografía y hasta la procedencia geográfica del escritor repercuten automáticamente en los subsuelos y desvanes de su producción literaria. Otros resultados promete el estudio de la obra entendida como fenómeno de lengua. Pero no se trata de incurrir en la vieja crítica gramatical, sólo atenta al caparazón externo del idioma, sino de poner en descubierto el espíritu que late en cada palabra, haciendo de ella algo más que un trazo sobre el papel o una vibración de aire. Es la sola manera de reconocer un sentido al lenguaje y de no escindir la integridad de tan compleja manifes- tación de cultura para retener precisamente lo que menos importa. Los ca- racteres singulares de estilo proporcionan el necesario punto de arranque, desde el cual hay que marchar en sentido inverso al de la creación artística:
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