Panorama de estudios actuales del español en América

d i e g o b e n t i v e g n a | 1017 Por una filología americana: el estilo, la estilística, los debates argentinos y sus proyecciones continentales en los años 30 y 40 La expresión se contrapone, en el esquema de Alonso, a otra di- mensión pública asociada con la palabra: se contrapone a la comunica- ción. Si expresarse, afirma Alonso (1932b), es «hacer valer eficazmente las resonancias afectivas y valorativas, los ictus de la voluntad y los timbres coloristas de la fantasía que sintonizan y ritman la delgada melodía de lo racional» (p. 175), la comunicación es referencia racional a los objetos y sus relaciones. Como retomará Alonso en la carta sobre estilística a Reyes, desde su perspectiva la comunicación es del orden del signo, mientras que la expresión es del orden de los indicios. Lo que se produce no es una ex- presión-intuición plena, una intuición que, como en la perspectiva idea- lista, se realiza inmediatamente en expresión sin distinguirse en definitiva de ella (y por eso, para el Croce más radicalizado, no hay fondo ni forma, no hay género y ni siquiera hay, en última instancia, palabra), sino, con un eco evidente de los planteos de Pedro Henríquez Ureña de 1928, un «conflicto de la expresión» entre sujeto y sistema: entre estilo, como dirá Alonso más adelante, y gramática. Un poco más adelante, Alonso plantea algunas hipótesis a partir de este sistema de contraposiciones que son importantes para pensar las implicancias que él dice históricas, pero también explícitamente políti- cas, asociadas con los actos de lenguaje: un estado de lengua escrita, de lengua «culta» común, en el que lo dado, lo gramatical, se impone como estilo, es un estado en el que la lengua entra en una especie de condición mortal. Es lo que sucedió, según Alonso, con la lengua escrita culta es- pañola desde el fin del barroco hasta el modernismo (y, por eso, la figura de Darío vuelve en el texto, la del Darío que en España contemporánea fustiga cierta medianía de la literatura española y se burla de las sesudas sesiones de la Real Academia) y hasta el 98. Lo que se produjo entre el barroco y el modernismo es el anquilosamiento de la voz, la confusión —muy mariateguiana, por otro lado— entre «tradicionalismo» y «tradi- ción». Estilo y tradición, de este modo, aparecen entrelazados, y es desde ahí desde donde Alonso leerá, con mucha lucidez en algunos casos, una porción importante de la literatura en castellano del siglo xx que pudo

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=