Panorama de estudios actuales del español en América

c a p í t u l o 3 8 | 1014 Panorama de estudios actuales del español en América al estudio no solo de la literatura española, sino también de la América de habla española. Más que indagar el influjo del elemento céltico e ibérico en el latín vulgar, un tema típico de la filología románica europea, imagina Vossler (1935), «yo me iría a América para sorprender in flagrante, y con mis pro- pios ojos y oídos, las aleaciones de la esencia española con la indígena» (p. 31). Es más, el proyecto contrafáctico de Vossler es el del estudio de lenguas que nombra puntualmente: el guaraní, las «costumbres y obras» de los «araucanos» (se mantiene el etnónimo que usa Vossler), las lenguas indígenas de México. Es decir, el de Vossler es un proyecto que no se ajusta exactamente a los cánones del hispanismo y que el Instituto de Filología —pese a los planteos fundacionales de Ricardo Rojas y a los pedidos ex- plícitos del historiador de la literatura argentina— nunca va a realizar, enmarcado en un programa hispanista que lo liga siempre a los trabajos instituyentes de Menéndez Pidal. De algún modo, Vossler retoma, en algún punto, aunque sin decirlo de manera explícita, el programa de construcción de una «filología argen- tina» futura que había esbozado Rojas en las páginas del volumen inicial de su monumental Historia de la literatura argentina . Aun antes de la introducción del pensamiento idealista en la Argentina, y sobre todo de los planteos del neoidealismo de Croce, en la lección inaugural a las acti- vidades de la cátedra (de 1913), que funciona como prólogo de la Historia , Rojas sostiene que la literatura abarca todo el contenido de la conciencia como expresión y del universo como representación. No se profundizará ahora en las articulaciones entre filología y pro- yecto (político) de construcción de una imagen de literatura nacional en la primera parte de la Historia de la literatura . En todo caso, Rojas (1926), en la inauguración de las actividades del Instituto de Filología, en 1923, se siente en la necesidad de reconstruir—somera pero contundentemente— el campo de los estudios filológicos en la Argentina desde el siglo xvi para marcar que, si bien reconoce la solidez de la escuela filológica española nucleada en torno a Menéndez Pidal, a quien él mismo había recurrido, existía una cierta tradición propia en los estudios filológicos en América.

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