Panorama de estudios actuales del español en América

d i e g o b e n t i v e g n a | 1005 Por una filología americana: el estilo, la estilística, los debates argentinos y sus proyecciones continentales en los años 30 y 40 llevaría al clisé, al tecnicismo y aun a la tipología simbólica; convertiría el máximo de la fantasía en el mínimo de la exactitudmatemática. Cuando, en la EdadMedia, se daba un relativo ajuste hacia abajo, por falta de fijación en la gramática, que es uno de los miembros de este contraste, casi no existía el estilo, hundido en el magma coloquial. Y cuando el ajuste se diera hacia arriba, el estilo volvería a desaparecer (Reyes, 1944, p. 228). En planteos como el de Reyes —que en realidad retoma y resume en este escrito diferentes aportes de los estudios filológicos (no solo) en ámbito hispánico—el estilo no es un subproducto de la obra, como puede pensar- se en una crítica tradicional —Marcelino Menéndez y Pelayo en España; Calixto Oyuela en la Argentina ( cfr. Bentivegna, 2019)—que ya hablaba de la nación y que se inspira, en última instancia, en la tradición retórica, sino que se proyecta como una instancia de desestabilización del texto. Una instancia que no podía ser mirada sino con sospecha por críticos como Menéndez Pidal o como Américo Castro, que se mantendrán, en general, ajenos a las seducciones de la estilística. El estilo, asimismo, constituye una noción que puede pensarse como un lugar de confluencia (entre otras cosas, entre líneas teóricas di- ferentes, como las que representan la lingüística de Bally y la de Vossler, sobre las que se volverá), pero también como un lugar de disputas y de tensiones. Disputas y tensiones en torno, por un lado, a lo que se entiende como relación entre sujeto y lenguaje y, por el otro, como lo muestra el propio desarrollo que propone Alonso en «El problema argentino de la lengua» —publicado en Sur en 1932— en función de la legitimación de aquello que se entiende como lengua común en el espacio llamado «hispa- noamericano». Se volverá más adelante sobre este texto. Es posible pensar también en ciertos desarrollos paralelos, que se dan en la lectura de la herencia idealista en función de la construcción de una visión más compleja de lenguaje y que vayan más allá de una suerte de singularización absoluta de la expresión. Proyectar el concepto mismo de estilo supone, en este punto, una lectura crítica de algunos de los pos- tulados del idealismo, al menos en su versión croceana, una concepción

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