Policy Brief - Alimentación saludable para prevenir el cáncer: recomendaciones para entornos alimentarios más justos y protectores en Chile
5 de bebidas azucaradas, menor exposición televisiva al marke - ting infantil y reformulación de productos. Sin embargo, persis- ten algunas limitaciones que impiden un impacto integral sobre los entornos alimentarios (Taillie et al., 2020). En particular, estas normas no abordan de forma suficiente: (a) la publicidad digi - tal (redes sociales, contenidos patrocinados e influencers), (b) la protección etaria del tramo 15 años a 18 años, y (c) instrumentos económicos que mejoren la asequibilidad (acceso económico) a frutas, verduras y legumbres y medidas que corrijan las brechas territoriales de disponibilidad (Egaña Rojas et al., 2022; Ministe - rio de Salud de Chile, 2017). Por otra parte, la evidencia sobre aceptabilidad de políticas públicas muestra un amplio apoyo a la reducción de los precios de alimentos saludables y a fortale- cer la regulación del marketing, lo que configura una ventana de oportunidad para el siguiente ciclo político (Agostini et al., 2018; Kwon et al., 2019). En síntesis, el presente documento se centra en la magnitud del cáncer como problemática principal. Se examina el peso de los factores de riesgo y protectores modificables, con es - pecial énfasis en aquellos referidos a la dieta. Adicionalmente, se consideran los determinantes estructurales que adversamen - te afectan el necesario cambio en la conducta alimentaria de nuestra población. Dicho análisis justifica la implementación de un enfoque de política pública orientado a transformar los en - tornos alimentarios en Chile. La finalidad es asegurar que las opciones saludables sean más asequibles, disponibles y, con - secuentemente, elegibles, al tiempo que las alternativas menos saludables se vuelvan menos publicitadas y accesibles, con el propósito de reducir los estímulos que promueven su consumo. 3. ANTECEDENTES Y ANÁLISIS DE POLÍTICA PÚBLICA 3.1 Factores subyacentes de la conducta alimentaria La conducta alimentaria no depende exclusivamente de deci - siones individuales, sino que está condicionada por determi - nantes más estructurales como los entornos alimentarios, en- tendidos como el conjunto de condiciones físicas, económicas, sociales y culturales que determinan la disponibilidad, el acceso, la selección y por ende el consumo de alimentos (Rideout et al., 2015). Así también los entornos alimentarios hacen referencia a la infraestructura comercial, precios, regulación, logística y ca- racterísticas del territorio. En ese marco, se reconocen cinco en- tornos: doméstico, organizacional, vía pública, de restauración y de abastecimiento (Gálvez-Espinoza et al., 2024). El ambiente de abastecimiento modula a los otros entornos al incidir en la disponibilidad y en el acceso físico y económico a alimentos (Gálvez Espinoza et al., 2018) y será el foco del análisis de este policy brief, pues allí se expresan determinantes relevantes de la conducta alimentaria, como los espacios de adquisición de alimentos (supermercados, ferias, mercados y almacenes, entre otros), el precio de los alimentos, y sus promociones (descuen- tos, ofertas, estrategias de publicidad, etc). La evidencia nacional muestra cómo los entornos alimentarios reflejan las características de los barrios, por ejemplo, en barrios periféricos predominan los desiertos alimentarios aquellos con menor disponibilidad de frutas, verduras y legumbres y escaso acceso a supermercados, mientras que en zonas urbanas prima la presencia de supermercados y locales de comida rápida con alta exposición a dietas de riesgo (Gálvez-Espinoza et al., 2018; Honório et al., 2021). El sobrepeso y la obesidad reportados en la ENS 2016–2017, la malnutrición por exceso en menores de 6 años informado cada año por el MINSAL, y las cifras en escolares registradas por la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, JUNAEB, en su segui - miento anual, no son solo datos epidemiológicos, sino el reflejo de un conjunto de determinantes de la conducta alimentaria que sostienen patrones asociados a dietas de riesgo y obesi - dad, incrementando además la incidencia de cáncer y otras ENT (Carlson y Guthrie, 2021; Story et al., 2008; WCRF/AICR, 2018). Tres mecanismos sintetizan la relación entre entornos y conduc - ta alimentaria: (i) Nivel socioeconómico: en hogares de me- nores ingresos se destinan cerca de 4 veces más proporción del ingreso a alimentos que aquellos con mayores ingresos, y los ultraprocesados, más baratos, ubicuos y promocionados, desplazan a productos saludables ya que los precios elevados desincentivan su compra (Carlson y Guthrie, 2021); (ii) Dispo- nibilidad territorial: en periferias urbanas y zonas rurales se observan “desiertos alimentarios”, con baja presencia de ferias y mercados de productores y mayor densidad de locales con oferta de productos de alta densidad energética, la conectivi - dad y la infraestructura condicionan el acceso efectivo a frutas, verduras y legumbres (Gálvez Espinoza et al., 2018; Honório et al., 2021); (iii) Publicidad de alimentos en la vía pública, ins- tituciones de estudio y trabajo y ambiente de restauración: la exposición excesiva a mensajes comerciales (promociones, personajes, auspicios y redes sociales) induce las preferencias hacia bebidas azucaradas y snacks, que cuentan con una am - plia gama de publicidad, compitiendo y reduciendo el impacto de las intervenciones educativas saludables (Fanzo et al., 2018; Lakerveld y Mackenbach, 2017). En conjunto, precio, promoción y disponibilidad orientan la demanda hacia productos de menor calidad (Chen y Kwan, 2015; Honório et al., 2021; Story et al., 2008; Walker et al., 2010).
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