Participación de personas con discapacidad en la educación sexual y afectiva integral (ESAI)
30 PARTICIPACIÓN DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD EN LA ESAI afrontar sana y responsablemente aspectos propios de la afectividad y la sexualidad. Por lo tanto, es posible deducir que se trata de una propuesta de educación sexual basada en un abordaje de “riesgo y buen comportamiento” (UNESCO, 2014). Se hace necesario actualizar este documento, en relación a su vocabulario y marco normativo vigente, con un abordaje de desarrollo y bienestar y enfoques y perspectivas diversas e inclusivas. En cuanto a la formación docente, el Centro de Perfeccionamiento, Experi- mentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) del Ministerio de Educa- ción, en su oferta disponible en el Área de Formación Continua a través de Desarrollo Docente en Línea, no cuenta actualmente con cursos sobre la ESI o temáticas relacionadas, ni cursos que apunten hacia la educación de PcD. El desafío está en fortalecer los mecanismos para que los equipos docentes y la comunidad educativa puedan trabajar estos temas en el aula, ya sea con recursos que respondan a las necesidades de sus estudiantes, horas destinadas a capacitación para profesionales e información a las familias. Lo expuesto, genera una falta de lineamientos claros para las escuelas es- peciales y regulares, dejando en manos de cada comunidad educativa la interpretación y adaptación de objetivos, lo que aumenta la desigualdad y la fragmentación territorial en la implementación de la ESI. 3.2.5. El Desafío de las Familias ante Ideas de Riesgo y Miedo El núcleo familiar ejerce un papel fundamental en el desarrollo de la se- xualidad de las PcD. Las familias reconocen la importancia de la educación sexual y, al mismo tiempo, la ven como un desafío, sobre todo en el caso de hijos/as con discapacidad, lo que les genera incertidumbre y deja en evi- dencia su necesidad de recibir apoyo (ANEP (Uruguay) et al., 2012). Este rol puede convertirse en barreras actitudinales expresadas en sobreprotección, impulsadas a menudo por el miedo a que la persona sufra discriminación o, en casos extremos, una angustia ante la posibilidad de abuso sexual. Esta sobreprotección, junto con la infantilización, la asexualización y el pa- ternalismo, se basa en diferentes prejuicios, donde se trata a las personas jóvenes y adultas con discapacidad con actitudes y tonos condescendientes, menospreciando su capacidad de comprender o decidir por sí mismas.
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