Desolación

47 Gotas de hiel No cantes: siempre queda a tu lengua apegado un canto: el que debió ser entregado. No beses: siempre queda, por maldición extraña, el beso al que no alcanzan las entrañas. Reza, reza que es dulce; pero sabe que no acierta a decir tu lengua avara el solo Padre Nuestro que salvara. Y no llames la muerte por clemente, pues en las carnes de blancura inmensa, un jirón vivo quedará que siente la piedra que te ahoga y el gusano voraz que te destrenza.

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