Desolación

46 ¡Os amo, os amo, bocas de los poetas idos, que deshechas en polvo me seguís consolando, y que al llegar la noche estáis conmigo hablando, junto a la dulce lámpara, con dulzor de gemidos! De la página abierta aparto la mirada, ¡oh muertos!, y mi ensueño va tejiéndoos semblantes: las pupilas febriles, los labios anhelantes que lentos se deshacen en la tierra apretada.

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