Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

273 III. feminista dinámica unidad que fue el memch. La institución vivía al calor de las inquietudes de sus integrantes, de la conciencia de su compro- miso no solo con otras mujeres, sino con la sociedad. Si bien existía el programa general de actividades, este quedaba abierto a cualquier iniciativa valiosa y enriquecedora. Los años precedentes a la segunda guerra mundial nos echaron encima el peso de la ideología antihumanista y prepotente del fas- cismo. Abogadas, profesoras, escritoras, estudiaron, programaron y dictaron cursos seguidos de debates sobre la naturaleza y objetivos del fascismo y la defensa de la democracia y de la paz. Se estrecharon relaciones con organizaciones femeninas de Colombia, Argentina, Brasil, México, Cuba, Comisión Interamericana de Mujeres, Fede- ración de las Américas de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, Comité del Mandato de los Pueblos, Federación De- mocrática Internacional de Mujeres. Terminaban los años cuarenta. Había finalizado la guerra, pero comenzado el inquietante descalabro de la guerra fría, agudización de la tensión internacional, carrera armamentista, amenaza del arma atómica. Los factores mencionados no solo aumentaron la relación con el exterior, sino que acentuaron notablemente el acercamiento y solidaridad del memch con las mujeres de los estratos populares. Memchistas que dirigían Comités locales y provinciales en las zonas del salitre y del carbón fueron relegadas tanto a Pisagua como a inhóspitos lugares australes. Protestas y ayuda fueron acciones si- multáneas. Como miembro de la fechif –Federación Chilena de Instituciones Femeninas, nacida por resolución del Primer Con- greso Nacional de Mujeres, Santiago 1944– el memch requirió un pronunciamiento de ésta frente a tales sucesos. Los debates, aun- que muy caldeados por posiciones partidistas, lograron, sin embar- go, que triunfara en principio el acuerdo de ayudar a las mujeres y sus hijos desplazados de los campamentos de Lota y Coronel (1947). Pisagua es un capítulo dramático en la historia política de nues- tra República. 1948 y 1949 fueron años muy duros de represión de las libertades públicas y de atropellos a los derechos de las personas. El macarthysmo había desatado en Estados Unidos su implacable «caza de brujas». América Latina, amarrada por su dependencia eco-

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