Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz

274 olga poblete nómica, se vio presa además en la red de compromisos político-mi- litares que en nombre de la defensa hemisférica se acordaron en la Conferencia de Cancilleres en Río de Janeiro (1947). Cuatro dirigentes del memch del norte fueron relegadas a Pi­ sagua. El memch reclamó ante el Ministerio del Interior su libertad, la cual se obtuvo al finalizar 1948. Durante su relegación, crearon en Pisagua un memch: enrolaron mujeres y niños –de éstos llegó a haber cerca de 140, entre uno y 17 años–, organizaron la recepción y distribución de las ayudas enviadas desde Santiago y provincias; crearon cursos de alfabetización y mantuvieron un Diario Mural con noticias, saludos, mensajes que llegaban en una correspondencia que, sorprendentemente, casi no se interrumpió. Cuando los relega- dos hicieron una huelga de hambre (noviembre 1948), estas mujeres atendieron a los hombres de más edad y a los enfermos. Una vez más, como antes y ahora, el anticomunismo demostró su alta rentabilidad para la dictadura. La Ley de Defensa de la De- mocracia sirvió para muchas cosas y rigió a pleno rendimiento hasta su derogación, durante la segunda presidencia de Ibáñez. Naturalmente, la conducta del memch en esos años le acarreó muchas dificultades. Un ciclo de seis Foros sobre Educación, Salud, Trabajo, Previsión Social, Democracia y Defensa de la Paz, que se or- ganizó para conmemorar el Día Internacional de la Mujer (semana del 8 al 15 de marzo de 1949), fue suspendido por el Ministerio del Interior al iniciarse el tercero de ellos. Luego siguieron dificultades para arrendar local de sede; no fueron casuales las postergaciones ar- bitrarias en los empleos públicos y particulares; menudearon ataques insidiosos en prensa y radio; más de una vez documentación requeri- da para salir al extranjero fue indefinidamente tramitada o entregada fuera de plazo para asistir a alguna reunión por la paz o por reivin- dicaciones femeninas. El memch se atrajo mayor ojeriza de las autoridades de Gobierno y de sus partidarios, cuando se integró activamente al Comité que en 1951 llevó a cabo, tanto en Santiago como en ciudades de pro- vincias, la campaña contra el Pacto Militar. Pese a los esfuerzos de la oposición y al repudio popular, el Congreso terminó por aprobarlo. No podía ocurrir de otro modo: el Pacto materializaba los acuerdos

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