Desolación

44 Mis libros (Lectura en la Biblioteca mexicana Gabriela Mistral) ¡Libros, callados libros de las estanterías, vivos en su silencio, ardientes en su calma; libros, los que consuelan, terciopelos del alma, y que siendo tan tristes nos hacen la alegría! Mis manos en el día de afanes se rindieron; pero al llegar la noche los buscaron, amantes, en el hueco del muro donde como semblantes me miran confortándome aquellos que vivieron. ¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo, en donde se quedaron mis ojos largamente, tienes sobre los Salmos como lavas hirvientes y en su río de fuego mi corazón enciendo! Sustentaste a mis gentes con tu robusto vino y los erguiste recios en medio de los hombres, y a mí me yergue de ímpetu solo el decir tu nombre; porque yo de ti vengo he quebrado al destino. Después de ti, tan solo me traspasó los huesos con su ancho alarido, el sumo Florentino. A su voz todavía como un junco me inclino; por su rojez de infierno fantástica atravieso.

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