Desolación
31 Canto del justo Pecho, el de mi Cristo, más que los ocasos, más, ensangrentado: ¡desde que te he visto mi sangre he secado! Mano de mi Cristo, que como otro párpado tajeada llora: ¡desde que te he visto la mía no implora! Brazos de mi Cristo, brazos extendidos sin ningún rechazo: ¡desde que os he visto existe mi abrazo! Costado de Cristo, otro labio abierto regando la vida: ¡desde que te he visto rasgué mis heridas! Mirada de Cristo, por no ver su cuerpo, al cielo elevada: ¡desde que te he visto no miro mi vida que va ensangrentada!
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