Desolación
261 Y al descender el sol, vieron una cosa más insólita aún. La caricia cálida fue durante todo el día absor- biendo el agua impura insensiblemente. Con el último rayo, subió la última gota. El hueco gredoso quedó abierto, como la órbita de un gran ojo vaciado. Cuando el árbol y el pájaro vieron correr por el cielo una nube flexible y algodonosa, nunca hubie- ran creído que esa gala del aire fuera su camarada, la charca de vientre impuro. Para las demás charcas de aquí abajo, ¿no hay obreros providenciales que quiten las piedras oculta- doras del sol?
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