Desolación
259 —Para mirarlo pasar, para recibir su mirada, haceos cardo del camino —respondió este—. Él va siempre por las sendas, sin reposo. Al pasar me ha dicho: «Bendito seas tú, porque floreces entre el polvo y alegras la mirada febril del caminante». Ni por tu perfume se detendrá en el jardín del rico, por- que va oteando en el viento otro aroma: el aroma de las heridas de los hombres. Pero ni el lirio, al que llamaron su hermano, ni la rosa de Sarón, que Él cortó de niño por las colinas, ni la madreselva trenzada, quisieron hacerse cardo del camino y, como los príncipes y las mujeres mundanas que rehusaron seguirle por las llanuras quemadas, se quedaron sin conocer a Cristo.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=