Desolación

248 I I ¿Cómo lo consiguieron? Cuentan de extraños influjos. Los genios de la tierra soplaron bajo las plantas su vita- lidad monstruosa, y fue así como se hizo el feo milagro. El mundo de las gramas y de los arbustos subió una noche muchas decenas de metros, como obede- ciendo a un llamado imperioso de los astros. Al día siguiente, los campesinos se desmayaron —saliendo de sus ranchos— ante el trébol, alto como una catedral, y los trigales hechos selvas de oro. Era para enloquecer. Los animales rugían de espanto, perdidos en la oscuridad de los herbazales. Los pájaros piaban desesperadamente, encaramados sus nidos en atalayas inauditas. No podían bajar en busca de las semillas: ¡ya no había suelo dorado de sol ni humilde tapiz de hierba! Los pastores se detuvieron con sus ganados frente a los potreros; los vellones blancos se negaban a penetrar en esa cosa compacta y oscura, en que desa- parecían por completo. Entre tanto, las cañas victoriosas reían, azotando las hojas bullangueras contra la misma copa azul de los eucaliptos... I I I Dícese que un mes transcurrió así. Luego vino la decadencia. Y fue de este modo. Las violetas, que gustan de la sombra, con las testas moradas a pleno sol, se secaron.

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