Desolación
241 ¿Sientes mi ternura? En el verano pongo debajo de ti una arenilla dorada y húmeda, para que no te tajee el calor, y una vez te cubrí tiernamente una quebrajadura con barro fresco. Fui torpe para muchas faenas, pero siempre he querido ser la dulce dueña, la que coge las cosas con temblor de dulzura por si entendieran, por si padecie- ran como ella... Mañana cuando vaya al campo, cortaré las hier- bas buenas para traértelas y sumergirlas en tu agua. Cántaro de greda: eres más bueno para mí que los que dijeron ser buenos. ¡Yo quiero que todos los pobres tengan, como yo, en esta siesta ardiente, un cántaro fresco para sus labios con amargura!
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