Desolación
235 Motivos de la pasión Los olivos Cuando el tumulto se alejó, desapareció en la noche, los olivos hablaron: —Nosotros le vimos penetrar en el huerto. —Yo recogí una rama para no rozarlo. —Yo la incliné para que me tocara. —¡Todos le miramos, con una sola y estremecida mirada! —Cuando habló a los discípulos, yo, el más próximo, conocí toda la dulzura de la voz humana. Corrió por mi tronco su acento como un hilo de miel... —Nosotros enlazamos apretando los follajes, cuando bajaba el Ángel con el cáliz, para que no lo bebiera. —Y cuando lo apuró, la amargura de su labio tras- pasó los follajes y subió hasta lo alto de las copas. ¡Ningún ave nos quebrará más la hoja amarga, ahora más amarga que el laurel! —En su sudor de sangre bebieron nuestras raíces. ¡Todas han bebido! —Yo dejé caer una hoja sobre el rostro de Pedro, que dormía. Apenas se estremeció. Desde entonces sé, ¡oh hermanos!, que los hombres no aman, que hasta cuando quieren amar no aman bien. —Cuando le besó Judas, veló Él la luna, porque nosotros, ¡árboles!, no viéramos el beso de un hombre. —Pero mi rama lo vio, y está quemada sobre mi tronco con vergüenza.
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